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TODO TE DESEA


Siempre me ha impresionado la actitud del bebé ante el pecho de su madre: confianza total, apertura, receptividad y entrega absolutas. Para mí, la vida es una inmensa madre que constantemente está ofreciéndo­nos su sustento. Toda situación es nutritiva si sabemos mirarla desde esa comprensión. Todo está aquí para ofrecernos el alimento que necesitamos, la sustancia sa­grada que destilan todas las experiencias sin excepción.


Independientemente de cómo la mente condicionada califique las situaciones, hay una versión mucho más profunda y más real que puede conmover nuestras en­trañas si nos decidimos a explorarla.

Después de tantas idas y venidas, tras todo tipo de experiencias, vivo en la aceptación de que todo sucede para mi mayor bien, que todo me lleva a descubrir la límpida verdad sobre mí, escondida tras capas y capas de condicionamiento. De mil maneras he podido cons­tatar, tras muchas resistencias a veces, que todo lo que ha ido sucediendo me ha llevado a una mayor compren­sión, desnudándome de ilusiones que taponaban el con­tacto con mi ser y ofreciéndome el regalo de una cone­xión cada vez más profunda y amorosa con la existencia.

Todo me está amando, por tanto. Todo quiere mi mayor bien. Todo está ahí para nutrir mi anhelo más profundo: reconocer mi unidad con la totalidad o, di­cho de otro modo, ser feliz. No hay nada fuera de esa unidad, no hay otra rea­lidad que se oponga a ella. Y todo confabula para que ese reconocimiento se produzca, ya que nos hemos despistado creyendo en la separación, esa idea aberrante que contradice la realidad. Todo lo que aparentemente está separado anhela la unidad que conoce profunda­mente. Todas las situaciones, relaciones, percepciones, emociones y pensamientos que experimento están ahí buscando unirse en la calidez de mi consciencia. Si, en lugar de separarme mentalmente, me abro a cada aspec­to de mi presente sabiendo que está deseando ser inclui­do en mí, ser abrazado en mi corazón... todo cambia.

Ya no es que yo esté buscando nutrición a través de esas situaciones, relaciones o aspectos del momento presente. Es más simple y amoroso a la vez: todo ello me está buscando a mí también. Todo me desea, todo anhela el calor de mi corazón, la vuelta al hogar. Cada experiencia es como ese bebé anhelante de mi pecho que, cuando la acepto, me trae al gozo del abrazo, del reconocimiento de la madre que soy, en esencia, para todo mi mundo. En esa comunión, la criatura es nutrida y la madre también.

Como criatura, confío en que todo es alimento para mí, sé que mi madre vida vela por mi sustento en medio de cualquier situación, dándome lo que necesi­to, a veces bajo formas curiosas y chocantes, pero pro­fundamente amorosas en esencia. Como madre, me sé nutritiva para todo lo que aparece en mi mundo, mo­mento a momento; todo busca mi alimento, mi presen­cia, mi amor.

Ser amados, sentirnos nutridos, es nuestra mayor necesidad. Y lo tenemos muy fácil y accesible. Ahora mismo, ¿qué estás experimentando? Eso te ama, eso busca tu calor, eso quiere formar parte de ti, te desea por encima de todo. Te desea a ti. Recordar esto tiene el poder de abrirnos desde dentro. No vivimos en un mundo de enemigos o ame­nazas, sino rodeados de seres que buscan la amplitud de nuestro corazón. ¿Qué mejor alimento que ofrecér­sela? Esa amplitud que les ofrecemos es la verdadera nutrición.

¿Te imaginas acercarnos así a cualquier experien­cia que nuestra mente suele rechazar, sabiendo que to­ dos sus componentes están deseando nuestra presen­cia, nuestra inclusión?; ¿no se caerían muchas corazas y barreras si nos abriéramos a la vivencia de este instante, con la certeza de que vamos a ser abundantemente nu­tridos?; ¿no sentiríamos una dulce confianza parecida a la del bebé lactante y una entrega muy parecida a la de la madre que lo sostiene?

Acerquémonos pues a cada experiencia como a una fuente de abundante nutrición, preparada con amor por la vida.


Extracto del libro "La abundancia está servida"

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