Retiros

Si ha surgido en ti el deseo de dedicar unos días

a conectar más profundamente contigo,

quizás te preguntes:

¿Qué puedo encontrar en un retiro?

La belleza del silencio

Me encanta el silencio. Para mi, es una fuente de felicidad que me permito disfrutar con frecuencia. El silencio no es solo la ausencia de sonidos, es el estado natural de la consciencia. Cuando dejamos de involucrarnos en las cosas que pasan y nos conectamos más con lo que somos, esas cosas siguen sucediendo, pero no generan ruido en nuestro interior. Son como rumores de fondo que no tienen el poder de absorber nuestra atención.

Sin embargo, reconozco que el  silencio externo me ha ayudado mucho a reconocer ese parloteo de la pequeña mente que, en medio del tumulto exterior, pasamos por alto y sigue condicionando nuestra vida. Quedarme en silencio, dejar de hablar de las cosas que pasan, retirar la atención de lo que ocurre ahí fuera, de lo que hacen los demás, nos revela nuestro paisaje interno con mucha nitidez y nos permite perder el miedo a estar en nuestra propia presencia. Y esto es un lujo.

Por eso, en nuestros retiros, propiciamos los espacios de silencio. Nos ofrecemos nuestra amable compañía y aprendemos a disfrutar de ella.

Nadie necesita de nuestra ayuda, pues cada uno está cuidándose a sí mismo. No hay nada que hacer. Es un enorme alivio ese espacio de libertad que queda cuando dejamos todo, incluso nuestra historia personal, nuestro pasado, nuestro futuro, y simplemente somos lo que somos, en total simplicidad y transparencia.

Simplicidad

Durante unos días, disfrutamos de la hermosa experiencia de la simplicidad.

Bellos espacios para pasear, aire puro, agua clara, un poco de ropa cómoda, una cama, comida sencilla y saludable y mucho, mucho tiempo... para lo que nunca lo tenemos: nuestra propia vida.

Ningún asunto que atender, ni niños que recoger del cole, ni listas de compras que hacer, ni responsabilidades profesionales con las que cumplir. Fuera redes sociales, pantallas, correos electrónicos... Fuera compromisos sociales ni obligaciones familiares... Fuera historias añadidas a la simplicidad de tu propia vida. ¿Te imaginas?

Espacios para sentir y contemplar. Meditaciones guiadas para facilitarte tu intimidad . Comidas sin prisas, que te invitan a saborear y a recuperar el placer de lo auténtico. Y momentos para compartir la comprensión con esos seres humanos que te sonríen en silencio cuando te los cruzas.

Toda una propuesta para integrar en nuestra cotidianeidad. Pura simplicidad.

Ser con lo que es

Un retiro es una invitación constante a volver a la vida en ti.

A volver al ahora.

Incluso si lo que experimentas es algún tipo de dolor en el cuerpo o aflora cualquier sufrimiento emocional, puedes permitirte sentir lo que sientes. Puedes darte espacio para observar y dejar pasar todo ese parloteo de la mente que te cuenta historias cansinas.

 

Un retiro te puede ayudar a habituarte a ser con lo que es, a sumergirte en este instante y a confiar en él,  sin necesidad de estar siempre haciendo cosas o buscando soluciones. A desarrollar una atención amable y comprensiva en la intimidad del corazón hacia tu propia vida.

Vida en tu cuerpo

En nuestra vida cotidiana movemos el cuerpo, nos servimos de él, tratamos de que sea más atractivo, imponiéndole a veces un ritmo desmedido que no puede sostener. Pero... ¿nos sentimos realmente conectados con la vida que lo recorre y lo sostiene? ¿Disfrutamos de sus sensaciones y de sus movimientos? ¿Escuchamos y acogemos sus señales?

En un retiro, tenemos la oportunidad de vivir profundamente desde un espacio más profundo, que incluye el cuerpo. Ya sea caminando, comiendo, meditando, haciendo yoga, descansando o moviéndolo al ritmo de la música, nos hacemos sensibles a la vida que somos, intimando con la experiencia de respirar, ver, oír, saborear, tocar, oler... con plena consciencia. Ello despierta nuestro aprecio y gratitud hacia lo más inmediato, el ahora.

Encuentros desde el Corazón

Y lo vivimos acompañados. No estamos solos. Aún en medio del silencio, los que nos rodean son nuestros espejos. Podemos experimentar mucha comprensión en presencia de otros seres humanos. Nos encontramos cada día para compartir en ratos de charlas meditativas.

Compartimos también nuestras comidas y nuestros paseos, en muchos momentos silenciosos; nuestras meditaciones y estiramientos, nuestro simplemente SER.