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SIN DISTANCIA






Ir hacia adentro no es sólo una metáfora que nos invita a profundizar. Ir hacia adentro es lo que haría un microscopio de gran potencia al explorar la constitución esencial de la materia. Esa "mirada" que se adentra más y más no supone un desplazamiento hacia ningún lugar o tiempo en la horizontalidad. Supone una inmersión en lo que está aquí ahora, siempre, subyaciendo a las formas que nos parecen cerradas, sólidas o estáticas. Esa mirada, al adentrarse, va descubriendo un mundo de partículas más y más pequeñas, más y más sutiles, suspendidas en un espacio infinito y abierto en el que se mueven libremente.


Ese campo espacioso supone el 99.9% de lo que conocemos como solidez desde la percepción limitada de nuestros ojos físicos. Éstos, a los que les damos tanta credibilidad, no tienen acceso más que a un ínfimo atisbo de la totalidad. Nuestros sentidos no están capacitados para captar la infinitud, sino para enfocarse en las formas, en los objetos, en los cuerpos aparentemente aislados.


Basándonos en su percepción (que sólo es el fruto de una forma de pensar totalmente materialista) establecemos nuestra vida en un mundo de solidez y de separación que nos parece "real". Así, vivimos en un estado de temor e inseguridad constante, ya que el mundo de la forma no puede, de ningún modo, ofrecer estabilidad. Ésta pertenece al fondo, a ese espacio vivo que todo lo sustenta, del que todo surge, en el que las olas de experiencia van y vienen. Ese espacio tiene todo que ver con lo que somos en esencia. Ese espacio luminoso y transparente, que no conoce barreras ni límites, es la constitución íntima de nuestro cuerpo. Es el mismo que se extiende hacia las galaxias, sosteniendo las innumerables estrellas en su inagotable danza. Le llaman el campo cuántico unificado en el mundo científico y es tan hermoso poderlo investigar...


“Existe un océano universal e ilimitado de existencia pura, ser puro, de silencio infinito, que no cambia, que es eterno: estaba allí antes de que el universo emergiera, y estará allí cuando este universo deje de existir”

Dr. John Hagelin


Lo que me apasiona es que ese espacio es el origen de todo lo que se mueve, permaneciendo él inamovible. En él aparecen las imágenes, las formas cambiantes de todo lo que consideramos nuestro mundo. Esas en las que hipnóticamente nos enfocamos perdiendo de vista el océano vivo en el que surgen y que es su sustancia.


Lo que me fascina es que, cuando nos aquietamos, si soltamos todas las imágenes que hemos registrado sobre nuestro cuerpo y nuestro mundo y nos abrimos simplemente a sentir lo que hay aquí, lo que encontramos se parece mucho a esto que nos mostraría ese supuesto microscopio: espacio surcado por sensaciones, sonidos, corrientes emocionales, pensamientos, que se mueven en una amplitud que no cambia. Cuando aprendemos a cultivar este acercamiento, retirando ese cansino enfoque en el mundo de los objetos y les permitimos su danza, empezamos a descansar en la amplitud que sostiene, en su sutil fortaleza, todo lo que se mueve, sin separarse de ello, permeándolo todo de su vitalidad.

No hay que desplazarse ni un milímetro. Sólo con aceptar la quietud más absoluta, se despierta la consciencia de la profundidad y podemos descansar en el Hogar. Esa consciencia que somos nos revela algo aún más poderoso: su espacio está impregnado de las cualidades del amor. ¿Cuáles son?: profunda intimidad, absoluta permisividad, presencia incondicional, nutrición constante... Somos ese amor.


¿Podemos despertar a esa realidad tan inmediata, totalmente presente, sin distancia, sin tiempo? ¡Cómo no! Es nuestra mayor necesidad, nuestro más profundo anhelo, nuestra verdadera felicidad.


Para mí, aceptar la quietud es esencial. Mientras sigamos corriendo al ritmo de la superficie, buscando en objetos, situaciones, relaciones o sucesos nuestra salvación, esa mirada nos está velada. Tarde o temprano, sin embargo, nos cansamos y descubrimos rendidos esa posibilidad: abrirnos al silencio, descansar en el campo infinito que nos sostiene, enamorarnos desde ahí del potencial que cada instante nos ofrece, la perspectiva de la profundidad.

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