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  • Dora Gil

ENCENDER LA LUZ




Navidad... vuelta al hogar, encuentros, luces que se encienden, regalos...


Estamos tan familiarizados con este juego anual que, con frecuencia, nos perdemos en la superficie de estas experiencias tan llamativas. Al invertir en ellas tanta atención, quizás se nos pasa por alto la realidad esencial a la que, a través de esas experiencias, somos invitados. Lo que nos atrae o nos cautiva en el mundo de la apariencia es una puerta extraordinaria para ello. ¿La abrimos?


Nuestro verdadero hogar es este instante, este espacio del que solemos fugarnos generando expectativas de algo mejor en el futuro o lamentando un pasado que no existe. Este espacio en el que vivimos inmersos, esta consciencia que somos, no es valorado por el ego, hipnotizado por la búsqueda de algo mejor, más brillante o interesante.


Estas personas, estos objetos, estos sonidos, estas sensaciones, emociones y pensamientos, estas experiencias vivas que nos ocupan, no parecen merecer la pena por su aspecto, no son bien recibidas y quizás, simplemente, les deneguemos la entrada. ¿Has escuchado hablar de una pareja, esperando un hijo y buscando refugio para pasar la noche? Su aspecto no debía ser muy espectacular tampoco... y, quizás por ello, nadie estaba dispuesto a acogerlos.


Pues bien, acoger nuestra experiencia presente tiene mucho que ver, para mí, con eso: dejar espacio, dar cabida a lo que normalmente la mente desprecia. Y dejar que la luz del la consciencia se encienda ahí dentro. Atrevernos a iluminar lo que normalmente dejamos de lado o recluido en las catacumbas de nuestra psique.


¡Que se haga la luz!

¡Que ella ilumine los espacios sombríos que la mente rechaza y desatiende!


Navidad no es sólo una época del año, es una invitación constante y silenciosa de la vida a la intimidad, a frecuentar nuestro espacio interior, a iluminar sus sombras, a llenar de consciencia y amor lo desatendido y despreciado.


Es un momento de encontrarnos, sí, de reunirnos. Pero... ¿qué tal encontrarnos primero con nuestra propia vida, esa que siempre está aquí pidiendo ser admitida y sentida? Se nos invita a descubrir así el verdadero regalo, el verdadero "presente" que nos fue otorgado desde siempre y que quedó olvidado: el amor que somos, la luz que es nuestra esencia, una con todo. Las temidas sombras, al ser aceptadas, revelan su íntima realidad: pura inocencia, la del niño que nace en el seno de una aparente oscuridad que rechazábamos. El amor revela el amor y una nueva vida amanece.


Cuando aceptamos ahondar en nuestras raíces, en las ramas del árbol de nuestra vida se encienden las luces de la verdadera claridad y nos descubrimos cargados de regalos que se ofrecen espontáneamente a la vida. Eso somos, un regalo de la vida y para la vida.











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© 2020 Dora Gil

© Fotos Fran Carmona