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AMANECIENDO DESDE DENTRO





Esta mañana, al levantarme, mi mente era un hervidero de ideas. Se habían acumulado durante unos días tareas, intenciones, hermosos proyectos que, ante la perspectiva del fin de semana, buscaban realizarse.


Sin embargo, un profundo anhelo de silencio, subyaciendo a esa vorágine, me llamaba. Me invitaba a aquietarme y a contemplar íntimamente mis adentros. Me senté bien abrigada en la terraza. Aún no había amanecido.


Mi espacio interno estaba siendo recorrido por pensamientos de urgencia, de inquietud por el paso del tiempo, de exigencia y descontento por lo no realizado... Sus argumentos desconsiderados, al ser creídos, dejaban un paisaje desolado y sin aliento. Cansancio, confusión, tensión entre distintas alternativas que captaban hipnóticamente mi atención. Parecía que lo más importante era decidirme por algo y no sabía hacerlo.


Los primeros rayos del sol surgieron en el horizonte. Su intensidad radiante parecía recordarme: suelta todo eso, nada de eso eres tú. Recuerda tu verdadero ser. No te confundas con todos esos argumentos que utiliza tu mente para alimentar al personaje hacedor del que te disfrazaste.


Silencio.


Los "deberías haber", los "tienes que", los "aún no has hecho"... empezaron a deshacerse al emerger de esa luz que quería inundarlo todo por dentro al tiempo que, en el horizonte, el sol radiante continuaba expandiéndose e inundándolo todo de su luminosidad.


Sus rayos, penetrantes, me susurraban: "No te vayas, quédate habitando este espacio maltratado por el tiempo, las urgencias, las supuestas obligaciones. Llena de tu calidez lo que se ha quedado helado. Tus criaturas, abandonadas, necesitan calor y aliento."


Mi respiración empezó, suavemente a expandirse. Recordé, con una sonrisa en mi corazón, las hermosas palabras de Francisco de Asís: "Haz de mí un instrumento de tu paz... Que donde haya tinieblas, ponga yo la luz..."


¡Sí, eso es!

Comprendí que llenar ese instante de lo que realmente necesitaba, era mi única tarea.

Aquí, donde hay agitación, pongo paz, la paz de mi presencia;

aquí, donde hay frío, pongo calidez, el abrazo de mi consciencia;

aquí donde hay exigencia, pongo tolerancia;

aquí donde hay cansancio, ofrezco el descanso de simplemente, ser.

Aquí, donde hay tinieblas y confusión, pongo claridad...


Así de simple... Y sólo aquí, en este instante en el que surge la necesidad, ofrezco el amor que ella espera. Porque de lo que se trata es, simplemente, de amar. ¿Y por dónde voy a empezar sino aquí, en la inmediatez de mi experiencia viva?


El amor más potente que puedo ofrecer a este instante es considerarlo mi verdadero hogar, el templo sagrado que quiero habitar. Todo lo que se mueve en él, es la vida que realmente quiero abrazar. Sus formas, son disfraces del dios que amo que sólo esperan ser iluminadas para revelarse. El cansancio, la confusión, mis estados sombríos, sólo buscan la calidez de mi presencia. El momento es ahora. ¿Cuándo si no?


Me he levantado renovada, agradecida, inspirada por el deseo renovado de inundar cada área perdida de mi existencia del amor que soy.






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© 2020 Dora Gil

© Fotos Fran Carmona