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  • Dora Gil

NO SOMOS LOS HACEDORES



Hoy comparto con vosotros una reflexión a la que he sido invitada a través de un comentario a la última entrada del blog (El mejor regalo). Me parece muy interesante lo que expone y creo que expresa algo que muchos hemos contemplado a veces. Aunque este espacio no está destinado a intercambiar comentarios o preguntas, he querido dedicar estas líneas a este tema, como una invitación a profundizar en algo que, al menos para mí, es importante comprender. Iré comentando los párrafos que me parecen más sugerentes de su reflexión. Como éste:

"No basta a reconocer nuestro ser real (la "Espaciosa Amplitud") para tener una experiencia de vida plena y satisfactoria, hay grandes maestros iluminados (que vivieron con conciencia plena del ser real) pero que experimentaron enfermedades graves o carencias en la vida cotidiana. Por poner algunos ejemplos tenemos a Jesús, Osho y a Sócrates asesinados... Buda, Ramana Maharshi, Nisargadatta Maharaj y Robert Adams con enfermedades demasiado dolorosas al final de sus días en la Tierra, etc...

... Digamos que, la Auto-realización completa en este mundo, consiste en resolver dos ecuaciones conjugadas: el Despertar Espiritual (de nuestro Ser Real) y la Maestría en Manifestación (de una vida plena). La mayoría no resuelve ninguna porque ni siquiera lo intenta (pues su interés es sólo mundano), "los pocos" (los iluminados) resuelven la primera pero dejan inconclusa la segunda. Y todavía son más raros (no recuerdo ni uno, salvo Sri Krishna) que resuelven ambas."

-Se dice aquí que ciertos seres (Jesús, Ramana, Sócrates…) experimentaron enfermedades y carencia. ¿Seguro? Quizás la experiencia profunda que cada uno tiene no corresponde siempre con lo que la mente superficial percibe desde fuera. Quizás ellos (y tantos otros) no vivieron eso que llamamos "enfermedad" como estamos acostumbrados a creer. Cuando estamos establecidos en la consciencia plena del ser, cualquier experiencia se vive desde ahí, desde la plenitud.

Quizás sintieron cambios, sensaciones y dolor en sus cuerpos. ¿Se sentían "enfermos" por eso? Quizás no tenían en su entorno ciertas comodidades u objetos materiales, pero no estoy en absoluto segura de que experimentaran carencia como normalmente la entendemos (falta de algo). Desde donde yo lo veo, es posible vivir en la más absoluta abundancia sin tener nada de lo que valoramos externamente. Y también es posible experimentarse pleno aunque aparentemente el cuerpo esté viviendo síntomas o sensaciones que suelen llamarse "enfermedades".

Las experiencias físicas, por muy intensas que sean, no suponen en sí una merma de la plenitud en absoluto. Ésta no depende de ninguna circunstancia, ya se trate de un gran dolor o de un extremo bienestar.

No hay ninguna cosa que nos determine, ni que atente contra lo que somos en esencia, por su misma naturaleza fenoménica y cambiante. Nada real puede ser amenazado… Así lo demostraron ellos y tantos otros seres humanos. Precisamente la consciencia desde la que vivieron esas circunstancias es una prueba de que no hay nada que pueda limitarnos.

Suponer que el que vivieran estas experiencias significa que "dejaron inconclusa una premisa" (la de la maestría en la manifestación), me parece mucho suponer. No estoy segura de que la maestría consista en no vivir determinadas experiencias, sino en reconocernos como la consciencia inalterable, que las abraza todas, sean cuales sean. No creo, sinceramente, que la maestría tenga nada que el cuerpo haga o no haga, sienta o no sienta. Para mí todo eso son conceptos de nuestra pequeña mente que cree saber cómo han de ser las cosas o pretende que sean a su manera. Juega a ser Dios.

-Se afirma aquí que "la Auto-realización completa en este mundo, consiste en resolver dos ecuaciones conjugadas: el despertar espiritual (de nuestro ser real) y la maestría en manifestación (de una vida plena)".

Desde donde lo veo, no somos seres humanos tratando de conseguir cosas, primero una (reconocer lo que somos) y luego otra (manifestar nuestro poder). Es la Vida, la Consciencia, la que está reconociéndose a través de estas formas humanas y lo hace como lo hace, a su modo, incomprensible para nuestra pequeña mente. Conectar con ella, reconocernos como ella no es un primer paso, es todo. A partir de ahí, dejamos nuestras pequeñas vidas, que antes dirigía un pequeño yo hacedor, ansioso de confirmarse, en manos de la Gran Vida, profundamente creativa. Cuando nos reconocemos como Ella, no hay nada más de qué preocuparse. Todo lo que ha de ser realizado o creado a través nuestro, ya lo está siendo… O lo será en el momento apropiado.Si ella desea expresar su poder a través nuestro, su creatividad en forma humana, surgirán espontáneamente en nosotros esos impulsos entusiastas de realización y se realizarán indefectiblemente. Si no, no surgirán en absoluto o no serán consistentes. Cuando el reconocimiento de lo que somos de verdad aflora en nosotros, esa misma esencia se desenvuelve para expresar a través nuestro lo que quiera expresar o crear, lo que quiera manifestar. Incluso sin ese reconocimiento, ya lo está haciendo…

Por mucho que nuestra pequeña voluntad se empeñe en realizar o materializar “lo que quiera en el momento que quiera”, no lo conseguirá si ese impulso no surge de la Fuente. Así ha sido en mi experiencia. Y también he vivido lo contrario: fácilmente se han concretizado los anhelos de mi corazón que eran inspirados desde lo profundo, incluso sin ni siquiera expresarlos.

"Buscad el Reino de Dios y lo demás se os dará por añadidura", decía Jesús. Para mí, esa maestría de la que hablas forma parte de la "añadidura", y no es necesario buscarla. Llega ineludiblemente en la forma perfecta y sentimos que la creación sucede a través nuestro.

"Reconocer nuestro ser real nos brinda una gran paz, sin importar lo que esté sucediendo a nuestro alrededor o en el cuerpo. Es decir: nos permite experimentar el Reino de los Cielos en vida aún en medio de enfermedad u otros problemas materiales. Es la meta más valiosa e importante que puede "conseguir" un ser humano, pero no la única si también queremos experimentar una vida plena (como personas)."

Sí, reconocer lo que somos es la fuente de la verdadera paz, que abraza cualquier circunstancia. Y, para mí, no es una meta a conseguir, sino nuestra esencia, que se va desvelando a medida que vamos soltando todo lo personal y nos abrimos a ella.

Aquí se menciona aún otra meta: "si queremos experimentar una vida plena como personas..." Para mí, eso es una contradicción ya en el planteamiento. Creo que ese intento proviene todo nuestro sufrimiento. La persona no es lo que somos. No es plena en sí misma, es una reducción, un personaje que juega un papel en esta película que nos tiene tan hipnotizados. Imposible la plenitud en tal contracción. Podemos, cuando nos identificamos con lo que sí somos, plenitud absoluta, vivenciarla en lo profundo y dejar que se exprese creativamente, pero sin adjudicarnos la autoría de ello como personas. Es la Vida viviéndose a través nuestro y ella se encarga de todo, basta con abrirnos y estar disponibles como instrumentos para su expresión.

"La Maestría en la manifestación deliberada consciente y dichosa (obtener lo que se quiera en el momento que se quiera) no es una cuestión de conceptos, ideas, haber leído libros o tomado cursos y seminarios, sino de HECHOS concretos...."

-Aquí se expresa la importancia de conseguir “obtener lo que se quiera en el momento en que se quiera” como el modo de manifestar nuestro poder o maestría.

Yo me preguntaría: ¿Quién quiere eso? ¿Y para qué?.Y aquí sólo caben dos respuestas: o el pequeño yo que creemos ser, o la Vida, expresándose a sí misma. Ésta última no tiene ningún problema, no conoce la limitación y está extendiéndose siempre en plenitud a través de todas sus formas (la humana incluida). El problema surge cuando nosotros, como personas, nos creemos los hacedores y directores de ese desenvolvimiento creativo que es la existencia. Incluso cuando manejamos temas "espirituales" o compasivos, es importante discernir quién está deseando conseguir algo. El personaje espiritual sigue siendo una persona ávida de conseguir, independientemente del objeto que desee, aunque se trate de un estado sutil o unas capacidades de manejar el mundo físico. Todo eso forma parte de lo que va y viene, por su propia naturaleza fenoménica.

-Se dice también en este párrafo que la maestría es una cuestión de hechos concretos.

No lo veo así, sinceramente. Los hechos de los que aquí se habla son sólo efectos, fenómenos y, por tanto, no tienen en sí una consistencia real. Los agradezco y me maravillo ante ellos cuando los veo surgir desde dentro, sin esfuerzo. Pero cuando no se dan estas manifestaciones, tampoco significa nada. Son sólo importantes cuando vivimos identificados con nuestra expresión física, que necesita confirmarse mediante constataciones de su misma índole.

Me he sorprendido tantas veces en mi vida reconociendo nuevos dones insospechados, energías inéditas o una creatividad indescriptible despertándose en mí y realizando cosas sorprendentes e inesperadas… Y me he visto experimentando estados o expresándome con entusiasmo y dedicación en modos que nunca hubiera imaginado. Sin embargo, a veces, mi pequeño yo ha querido apropiarse de ello como algo personal, adjudicándose la autoría. Entonces he sufrido e, incluso perdido esos impulsos y capacidades hasta que he comprendido: “No soy yo quien vive, sino la vida a través de mi”.

Mi única tarea es recordar esto una y otra vez, y ofrecer todo mi espacio, mi cuerpo, mi mente, mi corazón… a esta indescriptible creación que se está dando en cada instante. Para mí no hay nada más apasionante y sorprendente, nada más poderoso que esta entrega.

Ésta es mi humilde comprensión hoy, en constante proceso de viva exploración.


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