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  • Dora Gil

LA VIDA QUE ME VIVE



Después de tantos intentos por conseguirlo, de tantos esfuerzos en vano, de tantas intenciones de llegar a algún otro lugar mejor que este…

en este instante, dejo de intentarlo y, ablandándome, descubro el tierno contacto con la tierra que sostiene mis pies. Mi mirada, perdida en otros horizontes, acepta quedarse a contemplar el inocente espacio que me envuelve y me respira, acariciando mi piel.

Me descubro sumergida en un océano de vida en la que me muevo y existo unida a todo lo que me rodea. Siempre ha estado aquí para mí ese espacio abierto y luminoso, asintiendo y abrazando cada uno de mis gestos, aunque mi pequeño yo los condenara. Siempre ha estado aquí, para ti, envolviendo y penetrando cada uno de tus movimientos o palabras, aunque mi mente los juzgara.

Y, en solo un instante, he aceptado ser vivida, ser amada, ser movida y guiada. En un solo instante, mis manos han dejado de ser tentáculos buscadores de otra cosa para reconocerse como instrumentos de esa vida inmensa que se extiende a través suyo. El calor y la íntima vibración de mis dedos han empezado a recordarme que no son míos, sino una cálida expresión de esa Vida más grande que quiere tocarse a través de ellos...

Y no sólo mis manos…cada uno de mis sentidos, que torpemente se movían perdidos escudriñando en la oscuridad, se empiezan a revelar como extensión de esa Gran Vida que se oye, se contempla, se degusta, se deleita en sus propios aromas, texturas y sonidos. Esa vida de la que mi cuerpo es sólo un vehículo, usado para caminar por este mundo y abrazarlo, recordándole lo que ha olvidado.

He escuchado mi voz hablando de ello y la he amado, desechando las opiniones resabiadas de mi mente hacia la forma o matices de su discurso.

¡Qué descanso soltar el intento de conseguir algo por mi cuenta, lograr algo por mí, esforzarme por controlar tantos detalles…!

Qué paz soltar las riendas y sentir el amor de esa vida que se vive y me vive, de ir con ella, en lugar de vagar sin rumbo por mi cuenta, alimentando ilusiones que se desvanecen con sólo tocarlas…

Qué alivio inefable saber y sentirme vivida, respirada, movida, nutrida, amada y atendida por ESO que se ocupa de mí, sin más objetivo que vivirse, como lo está haciendo AHORA.


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© 2020 Dora Gil

© Fotos Fran Carmona