No tengo que perdonar…
Cuando dejo de creer en los juicios
que me separan de la realidad,
descanso en la inocencia
que siempre está aquí,
subyaciendo
a todas las acusaciones de la mente.
No tengo que permitir…
Cuando dejo de resistirme a lo que es,
me uno a la libertad que todo lo permite,
a la espaciosidad natural de la Vida
que deja que todo sea como es.
No tengo que amar…
Cuando dejo de separarme
de la vida presente,
pensándola,
intentando arreglarla o evitarla,
descubro el amor
que es la esencia de lo real
y que siempre ha estado aquí,
sustentando los movimientos de la mente.
No tengo que bendecir…
Cuando suelto el juicio (mal-decir)
me abro a la bendición
que siempre estuvo aquí.
Se desvela la inmensidad de la vida
que contempla todo con amor,
sabiendo que tras toda apariencia
sólo hay Dios.
No hay nada que “yo” tenga que hacer
para ser más perfecta o espiritual.
“Yo” no puedo.
Sólo necesito rendirme a la evidencia
de que eso que pretendo hacer
por mí misma,
la Vida lo hace constantemente,
desde siempre.
Te sugiero cultivar y descansar en esta entrega dejándote acompañar por el libro “Del hacer al ser” .
También, si quieres vivirlo más a fondo, te pueden ser muy últiles los siguientes cursos online:

