EN HOMENAJE A MI MADRE

Hace tiempo que no publico ninguna entrada en mi blog. Tampoco he subido ningún video a mi canal en los últimos meses. Apenas un pequeño reel y algunas fotos que me he sentido inspirada a compartir, han visto la luz en mis redes estos días… Y es que mi vida está cambiando últimamente. Algo se ha detenido en mis adentros. Podría relacionarlo con la enfermedad de mi madre y su fallecimiento, hace algunas semanas. Podría asociarlo a mi nueva situación de vida, ahora en la nueva compañía de mi padre. Pero no es así. Todo esto no es causa de nada. Ya antes de que mi madre partiera se estaba gestando algo que va empezando a brotar en estos momentos.

Durante muchos años mi vida estuvo movida por una mente parecida a un consejero espiritual que iba dictándome los comportamientos “adecuados” en cada momento. “Ahora tienes que llamar a mamá”; “ahora deberías publicar algo en tus redes, llevas tiempo sin hacerlo”; “ahora necesitas dedicar tiempo al ejercicio físico”; “ahora tendrías que escribir, tienes abandonado tu libro”… Seguir las pautas de esta voz se convirtió en un modo de vivir. Esa voz parecía ser “yo”. Obedecerla me tranquilizaba, pero me sobrecargaba también. Cuanto más ahondaba en el núcleo puro y vivo de mi ser, más indigesto se me hacía el uso automático de este patrón de exigencia. Ello me llevó a observarlo durante años y, desde la cada vez más plena conexión con mi autenticidad, ir dejando naturalmente de seguirlo.

Sin embargo, con la enfermedad de mi madre, que requería tanta atención por nuestra parte, volvía a surgir con frecuencia este hábito, esta tendencia a asumir su vida como una obligación para mí. En estos últimos años, fui invitada, por ello, a estar muy atenta y escuchar la voz de mi alma, en lugar de seguir perdiéndome en mi relación con ella. Cuanto más lo hacía, más amor verdadero sentía por esa bella mujer, aunque pudiera no contentarla en la superficie.

En los últimos días, antes de que mi madre muriera, sentí con fuerza de nuevo esta sobrecarga. Con su enfermedad, tan grave, me había acostumbrado, cuando no estaba a su lado, a llamarla por teléfono con mucha frecuencia. Nos habían dicho que su muerte podía suceder en cualquier momento. Muchas veces ese impulso surgía de mi corazón y podía disfrutar del amor que nos unía en estas conversaciones. En otras ocasiones, mis llamadas seguían brotando de las exigencias de esa voz impositiva. “Tienes que llamar a mamá” se convirtió en el símbolo más explícito de otros muchos “tienes que” que regían mi vida.

Dos días antes de su muerte, me di cuenta como nunca antes del sufrimiento que suponía seguir esta voz, y no el impulso auténtico del Corazón. Decidí escuchar y seguir a este. Eran momentos en que mi madre estaba más estable, bien atendida y no me sentía para nada inclinada a hablar con ella. Más bien lo contrario. Y decidí escucharme, ser fiel a esa llamada de la honestidad. Sabía que cuando no la seguía, no solo me traicionaba. a mí, sino que la deshonraba a ella, al asumir que ella “me necesitaba”.

Pasaron dos días así, en una mayor escucha interior que me guiaba. Una tarde, mi padre me llamó para decirme que mi madre acababa de morir. Al impacto doloroso de la noticia se unió inmediatamente el hecho de no haberla llamado antes de que se fuera, tratando de escuchar, más que el hábito de hacerlo, la voz del Corazón.

Pensé por un momento que me arrepentiría toda mi vida de no haberlo hecho… Pero en seguida me di cuenta de que era un pensamiento superficial, sin consistencia, fruto de la costumbre de sentir culpabilidad al creerme causa de la felicidad de otros.

Apresuradamente, mi familia y yo preparamos el equipaje y salimos hacia Granada, al hogar de mis padres. Bastó un rato de carretera par darme cuenta de que toda culpa era innecesaria. Comprendí algo que me llenó de una paz profunda que aún no me ha abandonado. Me di cuenta de que en esos últimos días había vivido la más auténtica y veraz relación con mi madre. Desde muy niña había tratado de contentarla, de llenar sus vacíos, de animar su vida… La mía se llenó de “tienes que” referidos a esa supuesta responsabilidad sobre la vida de otros, no solo de ella.

Llamar a mamá, tener que ocuparme de ella, dejó de ser prioritario en mi conciencia en esos días. Bastaron dos para que el equilibrio se restableciera en nuestra relación, tan complicada por esa interferencia en su vida que me alejó con frecuencia de mi ser, frenando el despliegue de mi alma. Muchas de mis relaciones estuvieron teñidas de ese mismo patrón y, desde su partida, la conciencia de ello es intensa. Ahora veo cuántos “tengo que” referidos al cuidado del mundo se han ido estableciendo en mi psique. Y ahora veo que ya no deseo seguir alimentando ese modelo de vida en la horizontalidad.

En estos últimos momentos la había honrado, sabiendo que su felicidad no brotaba de mi intervención en sus asuntos, sino de su conexión con la vida. Aunque ya lo había vivido en muchos momentos anteriores, en esos últimos días pudimos compartir en silencio algo muy verdadero y necesario. Me regalé y le ofrecí la libertad de ser quien soy sin el peso autoimpuesto de cargar con su vida. La paz de confiar en que ella es totalmente amada y sostenida por el mismo Ser que me anima a mí. La humildad de saber que no soy necesaria para nadie.

En esos días y desde que murió, conecté con lo más auténtico en ella, eso que nos une. Como yo, ella amaba la libertad por encima de todo. Y la honré no dejándome llevar por esos hábitos que habían enturbiado nuestra relación convirtiéndola muchas veces en un penoso asistencialismo que nos separaba, más que unirnos. No tuvimos una bonita despedida en la forma, pero en lo profundo, este modo de partir, fue la mejor manera de encontrarnos.

No “tengo que” llamar a mamá, ni “tendría que” publicar contenido porque haga tiempo desde la última vez. No “tengo que” escribir o hacer vídeos porque mis seguidores lo esperen. No “tengo que” contentar ni llenar las expectativas de nadie. No “tengo que” mantener la atención de mis lectores escribiendo con periodicidad… Si eso aflora como un impulso creativo que brota del Corazón, sin duda lo haré, como ahora mismo. Los “tengo que” forman parte de una dinámica que ha caducado y que contaminó los hermosos impulsos de mi alma convirtiéndolos en imposiciones que la ahogaban.

Ahora me dedico a escuchar, permanezco en la libertad del silencio. Descanso sin precipitarme a actuar movida por voces que no son amorosas. De esta intimidad surge siempre lo más genuino, lo que quiere ser compartido desde dentro en el momento adecuado. Esa escucha se extiende en el día a día a cada situación. Caminar despacito con mi padre, acompañar su dolor, preparar una comida con cariño, compartir desde el corazón con cada persona que acompaño en mis sesiones, retirarme con frecuencia en contemplación, bañarme en el mar jugueteando con las olas, sentir incertidumbre y volver al silencia, pedir ayuda, discernimiento, inspiración… esa es mi vida ahora, nada brillante en lo externo pero extraordinariamente plena en mi interior. Disponible para Dios.

72 comentarios en “EN HOMENAJE A MI MADRE”

        1. Dora no tengo palabras. Es todo tan verdad! Me resuena todo ta to. La muerte de mis padres fue también traumática y con enfermedades muy dolorosas y muy feas. Y la culpa y el sufrimiento que tengo dentro! Con tus palabras lo he comprendido mejor y me ha aliviado mucho. Me siento muy identificado, y a la vez sorprendido! Creía que eso ya te podría pasar a personas como tú. Pero te humaniza y te hace aún más especial, el reconocer que has ta a ti te pasa aún estas cosas….me ha gustado toda tú reflexión. Para mí ha sido un gran lección y alivio. Maravilloso

          1. Gracias Juanjo, por tu apertura y sinceridad. ¿Sabes? Yo no soy nadie especial. Me pasa lo que a todo ser humano. Simplemente estoy aprendiendo a amar mi humanidad, a escuchar todo lo que aparece en mi experiencia, en lugar de condenarlo o evitarlo. A usarlo para descubrir una conciencia más amorosa que nos envuelve y nos guía. Te abrazo muy fuerte y agradezco tu presencia tan sincera.

          1. Gracias Dora. Le pones palabra al sentir de muchos. Con humildad vas dejado señales valiosas a quienes nos sentimos llamados a explorar otra manera de vivir.

          2. Gracias Joel, esa llamada es preciosa y nos une profundamente. Explorar una manaera auténtica y simple de vivir, en conexión con nuestro Ser compartido. Te abrazo muy fuerte.

  1. Dora, gracias por compartir esa sabiduría maravillosa que llega a tú vida y se expande en otros al ser difundida. Se siente como agua en clima cálido, cómo luz en medio de la oscuridad y calorcito en invierno.

      1. Almudena Cintado Barroso

        Gracias por ser tan honesta, tan libre, tan vulnerable y resiliente al mismo tiempo, gracias por ver mi relación con mi madre a través de tus ojos!

        Abrazos eternos
        Almudena

          1. Gracias Dora por compartir esas reflexiones tan sanadoras de esos momentos tan íntimos, siempre tan inspiradores. Te abrazo de Corazón a Corazón.

      2. Primero un gran abrazo!!❤️
        Gracias como siempre por llegar en el momento indicado, cuando más lo necesitamos para poder entender esas inquietudes nuestras que no sabemos como llamarles, o cuando vemos que todo es diferente y no sabes como encajar aquello que sientes.

    1. precioso Dora! cuando se deja libre, liberas al otro y desde ahí se produce la transmisión que es inherente a la mirada, contrariamente al pensamiento nunca fue tan cercano amoroso y sentido… gracias corazón!

  2. Gracias Dora! Tus palabras me sirven de guía en mi camino por la vida. Me encanta tu generosidad, compartiendo todo lo que aprendes y convirtiéndote, en mi caso, en una maestra.

  3. Gracias Dora! Tus palabras me sirven de guía en el camino de la vida. Eres muy generosa compartiendo todo lo que aprendes y, al menos para mi, eres una maestra.

  4. Querida Dora,

    ¡Qué delicadeza reconocer esa voz de los “tengo que” sin convertirla en enemiga!, y ¡qué verdad ese gesto de honrar a tu madre no desde el automatismo del deber, sino desde una fidelidad más profunda al Corazón!
    Y quizá lo que más me conmueve es esa disponibilidad silenciosa que se respira al final… esa vida aparentemente sencilla y, sin embargo, tan plena de Presencia. Esa forma de estar disponible para Dios y, precisamente por eso, disponible de verdad para todos, sin asistencialismos del alma ni exigencias disfrazadas de amor.

    Gracias por escribir desde ese lugar tan transparente. Tu manera de narrar abre espacio, aquieta, recuerda.
    Te abrazo con mucho cariño.

    1. Sí, querida Eva. Lo que vivo no es personal, es de todos y para todos. Y me alegra sentir ese eco en el Corazón que tan bien expresas. Te abrazo muy fuerte.

  5. Querida Dora, hoy sentí el impulso de saludarte cuando te vi paseando en familia, mi madre también partió hace un par de meses. Creo que las cosas no nos suceden, sino que suceden a través de nosotros y compartir, como tu lo haces, es un acto de generosidad. En los últimos años, los momentos junto a mi madre, procuré que fuesen de una gran presencia por mi parte y eso ha enriquecido mi vida inmensamente, porque como siempre digo: “El conocimiento es un regalo mágico, porque aunque lo des a los demás, permanece también en ti. Pero el AMOR lo es aún más, ya que cuanto más das, más sientes en tu corazón”.
    GRACIAS

  6. Gracias Dora por compartir con nosotros tus adentros en un momento tan intenso como el adiós a una madre,de una forma tan honesta y con tanta “verdad”..Yo tengo muy reciente la experiencia de esas perdidas y abrazo. tus palabras con muchísima comprension., cariño y amor. Se de sobra que sabrás convertir tú pena en fuerza y en amor,pero aún así cada experiencia es algo personal y yo desde la mia te mando un enorme ,enorme abrazo por si te pudiera servir en este momento.Gracias por compartir y un abrazo con todo mi corazón..

      1. Dora… Muchísimas gracias por compartir todo tu sentir en esta situación…
        Me veo completamente reflejada en ti, ya que mi madre tiene una enfermedad degenerativa que la ha hecho empeorar en este último año y el “tengo que llamarla” y “tengo que ir a verla” es un hábito muy instaurado… La culpa y el miedo a perderla acecha a cada instante si no lo hago, pero cada vez un poquito más voy dejándome espacio…
        Esa creencia de que si no estoy ahí, estoy siendo egoísta y que soy responsable de la felicidad de los demás se instauró ahí desde niña… Pero que importante darse cuenta, como bien dices, que el amor de la fuente es la que nos sostiene a todos…y no este pequeño yo que se cree responsable de todo…
        Deseo poder integrar cada día más esa verdad e ir liberándome de todas las exigencias al igual que tú…
        Un abrazo muy, muy grande❤️

        1. ¡Qué bonito lo explicas, Irene! Poco a poco, si dedicamos la vida a frecuentar ese Amor verdadero que todo lo sostiene, todo va integrándose de modo natural. Un gran abrazo.

  7. Querida Dora, gracias por desnudar al amor de sus ropajes más sutiles y escurridizos, y traernos esa luz al compartirlo, mostrar esa posibilidad de libertad del corazón, “disponible para Dios”. Un abrazo

  8. Querida Dora,
    Gracias por compartir esa vivencia tan intensa como es el adiós a una madre. No hubo una despedida formal porque el amor verdadero no tiene punto final. Lo importante es el amor, la presencia, la gratitud y el tiempo compartido. Me siento identificada contigo. Te envío mucha luz y un cariñoso abrazo.

  9. Querida Dora,
    Gracias por compartir una vivencia tan intensa como el adiós a una madre.
    No hubo una despedida formal porque el amor verdadero no tiene punto final. Lo importante es la presencia y el tiempo compartido. Me siento identificada contigo. Te envío mucha luz y un cariñoso abrazo.

  10. Ana Isabel Molina Ureste

    Querida Dora…tus palabras me emocionan, son poesia preñada de verdad, de honestidad, de amor, de paz… En todo este tiempo has sanado mi alma y, tu voz resuena a menudo en mi dia, cosiendome a la calma.
    Que bello el homenaje a tu madre, al AMOR…
    Yo también soy esclava del “tener que”. Detrás de ello quiza se trasluce una falta de confianza en la Vida que nos sotiene a todos, o un exceso de orgullo de creerme imprescindible , o quiza la necesidad de sentirme más valiosa si hago más…
    Gracias, gracias, gracias por ser un faro para tantos navegantes.
    Un abrazo infinito.
    Ana

    1. Querida Ana, todo lo que resuena en ti brotando en apariencia de mí, es tu propia sabiduría, que está aflorando. Recordamos juntas lo esencial. Un gran abrazo

  11. Gracias, querida Dora
    Qué bonito y simple lo haces. Gracias por compartir lo que brota de tu alma, sin más preámbulos ni más adornos, como tú dices… la propia vida.
    Graciassssssssssssssssssssssssssssssss

  12. Gracias por tus palabras Dora, tan sinceras y expuestas. Mi madre también marchó y yo no estaba a su lado (vivíamos en ciudades diferentes). Pero así fue y así lo estoy honrando. Estuvo el dolor, muchos días, muchas noches, sí. ¡Y tantas veces estuvimos juntas alma mezclada con alma! Vi el amor en su derrumbamiento físico, vi tantas veces la tierra devastada de su cuerpo como el terreno fértil que me gestó, nutrió y acunó, que todo el mundo se transformó y esta luz, su luz, mi luz, la luz de todos, me acompañará siempre. ¡Un abrazo!

    1. Gracias por esta experiencia tan auténtica que nos compartes. La luz de todos, en la que descansamos, la verdadera madre que siempre está aquí. Un fuerte abrazo.

  13. Gracias, gracias, gracias Dora por compartir desde la autenticidad de tu alma y recordarnos esos “tengo” que es mejor soltar.
    Quiero mandarte un fuerte abrazo lleno de luz, paz y sobretodo, AMOR.

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