LA ÚNICA RELACIÓN QUE IMPORTA

“Tengo que sanar la relación con mi padre”, “quiero que funcione la relación con mi socia”, “tengo que luchar por mi relación de pareja”, “la relación con mis hijos me preocupa”, “mis amigos no me tienen en cuenta”…

Pareciera que hay muchas relaciones en nuestra vida y que cada una de ellas es un tema aparte que precisa ser abordado como algo particular y muy diferente. Pareciera que cada relación necesita que invirtamos en ella mucha energía para hacerla funcionar como querríamos. Pareciera que el tema de las relaciones es muy difícil y demanda una constante atención y esfuerzo.

Hoy me gustaría compartir contigo una posibilidad muy diferente y extraordinariamente simple. Tan simple, que deja obsoletos todos estos esfuerzos por conseguir que nuestras relaciones “funcionen”.

Ahí va: ¿Y si todas estas relaciones sólo fueran la escenificación de cómo te relacionas contigo, con el Ser que es tu esencia?

Después de haber invertido tanto en mejorar mis relaciones puntuales, esforzándome por conseguirlas o mantenerlas, una potente invitación emergió en mi consciencia: abandonar ese empeño y decidirme a nutrir la intimidad y el contacto con la Vida en mí. Una aventura inédita y, aparentemente destinada a distanciarme del mundo, que me va llevando a todo lo contrario: a sentirme más y más unida a cualquier ser humano.

También me lleva a dame cuenta de que cualquier aparente “problema” que se despierta en el seno de una relación, es una puerta hacia ese contacto primordial y profundo con el Ser del que surgen chispeantes las mejores posibilidades y soluciones. La energía se renueva cuando entrego de corazón esos temas que mi pequeña mente y mi dolida emocionalidad nunca sabrían cómo resolver. Cuando simplemente permito que las sensaciones, las emociones, los pensamientos, se muevan en libertad en el espacio silencioso del Ser, en el que descanso confiada. De esa conexión surge una energía creativa y sorprendente que puede lo que yo no puedo, sabe lo que yo no sé, me guía a donde jamás por mí misma hubiera imaginado.

¿Cómo es posible? Simplemente, estoy aprendiendo a confiar en el único vínculo primordial del que todas las relaciones son expresión, reflejo y celebración. Saberme una con la Vida y dedicar a ella todas mis experiencias lo transforma todo. Por una simple razón: no hay otra relación fuera de esa. Todo lo demás son sólo expresiones, reflejos, modos de acceder a esta conexión primordial, la única en la que la paz y la plenitud son posibles.

Nuestro sufrimiento surge justamente de haber olvidado esa conexión fundamental y de andar buscando a tientas cómo suplirla a través de las relaciones que mantenemos. Estas, al asumir tal función, dejan de ser naturales y espontáneas, pues les estamos pidiendo algo que ellas no nos pueden dar: la consistencia, la compleción, la libertad y la incondicionalidad que solo se encuentran en el corazón de nuestro Ser.

No intentes hacer funcionar tus relaciones para que te colmen, es muy trabajoso… Únete a tu Ser, honra la Vida en ti, déjate amar y descubre el tesoro que resuelve todo lo demás naturalmente.

Si deseas profundizar en este tema, te sugiero leer y practicar con el libro Del hacer al ser”. En particular, el capítulo 7: “Relaciones, la vía directa hacia ti”

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Dora Gil
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