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  • Dora Gil

YO NO DEBERÍA ESTAR AQUÍ



Este pensamiento, “Yo no debería estar aquí”, si lo miramos profundamente, genera una enorme cantidad de sufrimiento. Nos lo formulamos también de otros modos: “Esto no es lo mío”, “Yo debería estar haciendo otra cosa”…


La mayoría de las veces, no es un pensamiento consciente. Se trata de una corriente más profunda que nos recorre, subyaciendo a nuestra experiencia y separándonos de ella. Es tan doloroso creer que esto es incorrecto, que me estoy equivocando, que mi sitio está en otra parte, que he decidido mal… ¿Qué experimentamos cuando pensamos así?


Ahora mismo, por ejemplo, detente un momento:

¿Hay en ti algún atisbo de esta creencia?

¿Hay algo que parece indicarte que este sitio, esta situación, estas circunstancias, estas personas, no son las correctas para ti? ¿O quizás no totalmente?

¿Cómo se siente el pensar así? ¿Cómo te sientes?


Cuando empecé a identificar este patrón mental que había aceptado como cierto y me decidí a explorarlo, lo que encontraba era abandono, decaimiento, depresión, agobio, conflicto y malestar, acompañado de señales en mi cuerpo de tensión, contracción y respiración agitada. Y un impulso inmediato de desconectar del instante con la esperanza secreta de sentirme mejor, de no sentir al menos el infierno que mis pensamientos de resistencia me provocaban.


Surgía la decisión casi inconsciente de irme a otro lugar y, si no podía hacerlo físicamente, de fugarme de cualquier modo. Y casi sin darme cuenta, abandonaba el momento presente -mi hogar verdadero- haciendo algo, tomándome algo, recurriendo a cualquier cosa (incluso a alguna práctica espiritual) que me diera la sensación de evadirme de lo que parecía molestarme. O, simplemente dedicándome a pensar compulsivamente.


¿Reconoces algo así en ti? Lo que se nos pasa por alto es que quizás no es la situación, sino la creencia “yo no debería estar aquí” lo que nos genera el malestar. Empezamos a aborrecer los lugares y situaciones en los que hemos cultivado ese modo de pensar que nos hiere. Al relacionarlos con nuestra infelicidad los rehuimos, al menos mentalmente.


¿Alguna vez nos hemos cuestionado si se trata realmente de la situación? Porque, cuando la cambiamos por otra, tarde o temprano, el mismo patrón aparece: Yo no debería estar aquí. Y el conflicto recomienza.


Si rechazamos mentalmente el lugar en el que estamos nos desconectamos de la vitalidad de este instante. ¿Encontraremos entonces la energía para cambiar algo si fuera necesario? Si nos separamos de la vida nos cerramos a su fluir, y ya no puede impulsarnos, nos quedamos estancados. Sólo uniéndonos a ella podemos seguir moviéndonos con fluidez.


No queremos conectarnos con esto, claro, nos resulta desagradable, inhóspito…Así es como nuestra pequeña mente -cuya percepción es muy limitada- lo juzga. Sin embargo, esto (nuestra vivencia actual) esconde, más allá de su forma, la energía vital capaz de propulsarnos.



La consciencia aquí enfocada con aceptación nos permite, en primer lugar, la absorción de la energía viva del presente, incluida la de nuestras emociones resistentes. Y, además, la lucidez necesaria para comprender a qué responde nuestro estar aquí, qué creencias nos han traído a vivir esto. Ya que, como vamos contemplando, todo lo que experimentamos es el efecto de nuestro modo de pensar, aunque no sepamos a veces reconocerlo. Sólo asumiendo esta responsabilidad, podemos movernos naturalmente hacia lo que deseamos.


Pero volvamos a la experiencia del momento presente, ese que supuestamente no deberíamos estar viviendo. ¿Qué tal si decidimos ensayar algo totalmente diferente? Miremos sencillamente: ¿Cuál es la realidad ahora mismo?


“Estoy aquí”, constatación indiscutible. Esta es mi experiencia. Y es todo lo que tengo para vivir ahora mismo.“Estoy aquí”, es una realidad y una ofrenda de la vida que nos invita desde dentro a experimentar. “No debería estar aquí” es un constructo irreal que nos separa del ahora, generando malestar. ¿Qué nos da más paz?


Si pudiéramos traducirla en palabras, quizás ella, la Vida, diría algo así:


“Ven aquí, hijo mío, ven a casa.

No te vayas de este instante.

Deja de cuestionarte esto.

Mientras estés aquí, vive todo lo que hay aquí.

No sólo lo que externamente aparece,

lo cual parece defraudarte una y otra vez,

sino lo que eso despierta en ti:

la resistencia que tus pensamientos generan sobre esta situación.

la búsqueda de otras sensaciones más agradables,

el deseo de irte de aquí...

Sé un hogar abierto para todo esto.

No lo menosprecies.

Son tus criaturas perdidas en un mundo que no las acoge.

Tu dolor, tu cansancio, tu confusión...

Este mundo no los reconoce.

Dales tú ese reconocimiento.

Vive, por favor, la totalidad de la situación.

No la sufras, vívela.

Estate aquí, no te pierdas ni un matiz

de este increíble ofrecimiento de la existencia.

Todo lo que necesitas está en este instante.

Puedes reconocer tu presencia ahora mismo,

tu espaciosa capacidad en la que todo se mueve.

Puedes conocerte como amor para lo que te asusta.

¡No te vayas, no te separes, no me pienses, víveme!

Únete a mí y sé vida para todo

¿Aceptas?


Fragmento del libro "Del hacer las ser".

Capítulo 5: "La luz del ahora"

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