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VIVE LA ABUNDANCIA




Cuando escuchamos o leemos frases como ésta, la pequeña mente las interpreta en seguida a su manera. Las codifica traduciéndolas como abundancia de cosas, de experiencias o relaciones. Y no puede ser de otra manera. Desde una perspectiva tan estrecha, en la que nos percibimos como personas limitadas, no cabe otra comprensión que la referida a la posesión de objetos, ya que es el ámbito en que la mente buscadora se maneja.


Sin embargo, ya hemos tenido demasiadas evidencias de que las experiencias de abundancia circunscritas al tener o al hacer "cosas" nos suelen dejar insatisfechos. En seguida se agotan y, aunque no lo hagan, dejan de generar la sensación de plenitud que habíamos proyectado en tales situaciones o consecuciones. La pequeña imagen que tenemos de nuestra identidad no puede contener la verdadera abundancia que intuitivamente anhelamos y que conocemos en lo profundo del corazón.


Por eso, no se trata de buscarla,

de conseguirla en un tiempo que no es ahora

ni en un espacio que no es aquí. Es el momento.

Es hoy. Es ahora.

La abundancia nunca estuvo ausente.

Nacimos de ella.


No es un acontecer. No llegará a través de una circunstancia.

No pasará, nada puede llevársela, es la sustancia de todos los universos.

No hay un lugar ni un cielo donde encontrarla. No tiene residencia.

Todo esta inundado, empapado de ella. Esta aquí.


Y, sin embargo, si no dejamos de enfocarnos en el mundo de las cosas para obtenerla, nunca la reconoceremos.

Si no dejamos de mirar hacia otro sitio, hacia otro tiempo,

no podremos sentir su fragancia, siempre presente.

Si no soltamos esa compulsiva dedicación a agarrarla, a estrujar el mundo para conseguirla, no sentiremos su consistente presencia inundando este instante.

No imaginemos algo complejo e inalcanzable. No hay pasos que dar.

No hay más condiciones que cumplir.

No puede ser fabricada.

Vivirla sólo requiere, curiosamente, soltar lo que nos sobra,

dejar de lado todos nuestros conceptos, nuestras historias,

nuestra ávida identidad...

y descansar en la simplicidad de lo que es.

Aceptar humildemente aquietarnos

y, sin tocar nada, constatar.

Salir de la morada de la mente reducida y, simplemente,

abrir el corazón, sumergirnos en él.

Permanecer abiertos, sensitivos, tiernos,

como niños que despiertan inocentes de su sueño

sabiéndose sostenidos y amados.


Déjate respirar, latir, sentir... Observa que no tienes que hacerlo.

Todo te es ofrecido, todo se te regala momento a momento.

Deja que tus poros se abran ahora a la verdad.

La abundancia nunca te abandonó,

ni en tus más terribles sueños de privación.


Estas palabras no son para tu mente.

Deja que las dulces manos de la Madre Vida

te revelen el amor infinito que te sostiene en este preciso instante.

La abundancia no puede ser desarrollada, trabajada ni alcanzada, sólo reconocida.

Está aquí para ti. Quiere vivirse a través de ti. Deja que tu vida sea la expresión de la abundancia ilimitada que es tu esencia.