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  • Dora Gil

SIEMPRE ESTUVE AQUÍ

Actualizado: 26 de ago de 2019



La semana pasada publiqué una entrada con un poema titulado: "Siempre estuviste aquí".

Mi querido amigo José Díez Faixat se sintió inspirado a escribir esta hermosa versión del mismo, en la que tan sólo ha cambiado, como él dice, el centro de gravedad de la sensación de identidad, emplazado ahora en el Vacío, y no en la forma.


Aquí os lo dejo, por si queréis degustarlo desde esta nueva perspectiva. Quizás os resulte tan íntimamente real y familiar como a mí. Su nuevo título:


SIEMPRE ESTUVE AQUÍ


Ya no.

Ya no puedes emprender más aventuras por tu cuenta,

encaminadas a superar una supuesta insuficiencia.

Quizás ya no es posible.


Sosteniendo esta cansina historia de intentos fallidos,

sólo vivo Yo,

espacio cálido y acogedor en el que descansas,

mientras las antiguas estructuras que erigiste en mi seno se tambalean.

En mi transparencia ilimitada que abraza tu cansancio,

se desintegran ahora las viejas edificaciones que ya no son tu hogar.

¿Dónde están aquellos sólidos muros que parecían separarte del inmenso espacio?

El aire corre ahora entre las viejas columnas

que también se tambalean, resquebrajándose.


El aire, silencioso, siempre estuvo aquí.

Era siempre Yo, sosteniendo con mi aliento tu experiencia,

con la que quisiste forjarte esa sólida identidad que se derrumba.

Hoy se desmoronan, agotados, los vanos intentos de separarte,

recluyéndote en un refugio tan cerrado.


Siempre estuve aquí,

sosteniendo tus disfraces, tus metas, tu frágil identidad.

Siempre fui la sustancia

que alentó tus movimientos

esos que te adjudicaste como logros personales.

Siempre he estado respirándote, nutriéndote, recorriéndote por dentro,

filtrándome sonriente entre tus muros, que parecían poderme contener.

Siempre fui el amoroso pecho,

disponible para absorber

el esfuerzo angustioso con el que te confundiste.


Soy Yo, el inmenso espacio que siempre te sostuvo,

el único del que no puedes dudar,

en el que hoy descansas aliviada:

tu transparencia esencial.


Hoy, mientras todo va cayendo,

Yo permanezco

envolviendo en mis brazos infinitos

el sueño del olvido

en el que te perdiste

para hallarme de nuevo,

siempre Aquí.


Qué hermoso descubrir que

éste fue siempre

tu inmenso Hogar

tu verdadero templo,

tu profunda identidad.



Por cierto, para los que aún no lo conocéis, José Díez Faixat es autor de un libro maravilloso que os recomiendo: "Siendo nada, soy todo". Aquí os dejo más información:

José Díez Faixat

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