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DÉJALO TODO



Estamos acostumbrados, desde nuestra reducida perspectiva, a manejarnos con conceptos ambivalentes y contradictorios sobre las personas y las cosas. "Es débil, pero me sostiene", "Es desagradable, pero me hace compañía", "Es insegura, pero me anima"... "Está muy bueno ese alimento, pero me sienta mal", "Me lo paso muy bien allí, pero me quedo vacío", "Gano dinero pero me aburro enormemente con ese trabajo"... Así, establecemos pactos con el mundo. A través de ellos, cedemos o nos sacrificamos ante lo que no nos gusta pues sabemos que esa "pérdida" será compensada por "la otra cara de la moneda". Es el apego o la supuesta necesidad de esta última la que nos mantiene en situaciones de incoherencia en nuestra vida.


"¿Cómo te va?... Bien, vamos tirando..."


¿Tirando de qué? De esta enorme comedia que, cuanto más la representamos, más nos cansa y nos aliena, manteniéndonos siempre "en el mismo sitio", como nos recuerda la película "Atrapado en el tiempo"...


Sí, así es como vamos funcionando en el mundo que hemos fabricado, por una razón muy simple: es la representación de cómo nos percibimos a nosotros mismos, un personaje disminuido, carente y necesitado de un mundo que le complete y le muestre su valía, sus cualidades, su poder. Y cuando ese mundo parece darle ciertas migajas de ese valer, se arrodilla ante él y es capaz de aguantarlo todo para seguir recibiéndolas.


Ello queda revestido con expresiones como... "pero si es muy buena", "si en realidad me aprecia", "es un buen trabajo", "son buenos chicos"... que surgen de un esperanzado esfuerzo por conseguir que las cosas se mantengan como están.


Y no es que esas situaciones, personas u objetos no sean "buenos", claro que lo son. La cuestión es desde dónde estamos contemplando esas cualidades. Desgraciadamente, en estos momentos de benevolencia y concesión, estamos percibiendo desde el mismo lugar que cuando nos irritamos y rebelamos contra la parte que no nos gusta. Y dado que quien percibe es ese yo ilusorio que se cree necesitado, ambas percepciones son fraudulentas pues están al servicio de la disminuida ilusión que creemos ser, contribuyendo a confirmarla una y otra vez.


Si de verdad quiero ver, he de vaciarme totalmente de todos los conceptos, "buenos" o "malos" que he fabricado sobre las cosas. Soltar unos para agarrarme a los otros, es lo que mantiene la rueda del sufrimiento girando.


"Déjalo todo", decía Jesús. Olvida todo lo que crees saber, lo que te parece válido o inadecuado, suelta todo apoyo, toda certeza, todos tus conceptos, incluso los más espirituales, sobre lo que eres y sobre lo que todo es. Y quédate en silencio. No aceptes nada más poderoso que este vacío de significados, esta nada viva en la que, simplemente, aceptas desaparecer.


Es ahora, cada instante te está ofreciendo esta inédita posibilidad, abrirte a la Vida que eres y ser ella, aceptar tu ilimitada naturaleza sin nombre, tu unidad intacta con el Ser que siempre has sido y que nada puede disolver.


Y después, mira a tu hermano, el mundo, eso que parece ser "otro". Lo que antes veías como una alternancia de conceptos benignos o dañinos se disuelve junto contigo, y en esa nada que has permitido, ambos habéis recordado la inocencia y la amplitud sin límites del Ser.








(Fotografía de Fran Carmona)




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© 2020 Dora Gil

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