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¿QUIÉN SOY MIENTRAS PASEO POR LAS REDES?




Una de mis más poderosos anhelos ha sido siempre rescatar la meditación de los cojines y los templos y llevarla a la vida, a cada aspecto de nuestro vivir. Para mí, ha sido tan dolorosa la escisión entre lo que llamamos espiritualidad y la experiencia cotidiana, que considero vital recuperar la integridad y la coherencia, vivirnos como consciencia en cualquier situación. La desconexión me duele.

¿De qué nos serviría, por ejemplo, aquietarnos en una meditación preciosa, volver a nuestro centro, si unos momentos después, sólo con encender el móvil o el ordenador, nos separamos de nuestra vida, perdiéndonos en corrientes mentales y emocionales que absorben nuestra vitalidad al no ser conscientes de ellas? La meditación no es un acto que termina cuando nos levantamos de meditar. Es la vida misma, que transcurre constantemente, fundida con cada detalle de la experiencia. Sentarnos a meditar es hermoso y necesario para identificarnos con la consciencia que somos, para arraigarnos en ella, claro que sí. Sin embargo, esa consciencia sólo quiere extenderse, pues es puro amor, y el amor no soporta el encerramiento ni las limitaciones. ¿Por qué reducirla a un rato cuando su naturaleza es iluminarlo todo?


No cuestiono en absoluto la utilidad de las redes sociales. Para mí, han sido y son una fuente de conocimiento, relaciones y experiencias que valoro profundamente, y estoy segura de que, para muchos de vosotros, también.


Todo depende de la consciencia desde la que son usadas. Al servicio de nuestra personalidad buscadora de reconocimiento, apoyo o aprobación, sirven para reforzarla. Se pueden convertir entonces en un escenario en el que nuestras necesidades afectivas se vehiculen virtualmente dándonos la ilusión de poder ser satisfechas o experimentando la frustración de no serlo en absoluto. Un espacio en el que las interpretaciones y las suposiciones sobre lo que vemos se disparan, agitando la mente y acelerando su funcionamiento natural, al no estar en contacto directo con la vida. Un escenario en el que afloran la ansiedad y los impulsos automáticos, desconectándonos del instante presente.


Desde la consciencia viva y amorosa que somos, sin embargo, conectarnos con una red social puede permitirnos entrar en contacto con contenidos enriquecedores, ofrecer inspiración o recibirla y, por supuesto, conectar desde el corazón con seres queridos, nutriendo o creando vínculos.


Pero además, nuestra presencia en las redes -y a eso quería referirme hoy- puede ser una enorme oportunidad de autodescubrimiento. Como cualquier otra situación en la que suele reinar la inconsciencia, un momento en las redes vivido desde la presencia, puede convertirse en una experiencia potente y reveladora que nos traiga de vuelta al hogar, al corazón que abandonamos con frecuencia. Desde esta perspectiva, no sólo contemplamos con total permisividad esos movimientos de la personalidad que creemos ser sino que, en esa apertura, podemos abrazar y atender realmente sus impulsos, deseos y necesidades, proyectados en los intercambios que establece en esos medios.


Por eso, hoy he querido ofrecer y ofrecerme una experiencia que puede ser muy reveladora. Usar cualquier momento en el que nos conectamos a las redes sociales para contemplar nuestra vida, es decir, para meditar y volver a nuestro ser, al entrañable hogar del Corazón.


¿Parece una locura? Mirémoslo...


La siguiente meditación nos ofrece la posibilidad de atendernos y cuidarnos en un espacio en el que, normalmente, perdemos la atención y olvidamos la conexión con nuestra vida.


Sugiero vivir esta experiencia en cualquier momento en que nos sintamos inspirados a ir más allá, a experimentar un verdadero amor por la vida que somos. La he grabado para que pueda usarse mientras nos aventuramos por cualquiera de las redes que frecuentamos. Si usamos el móvil, necesitaremos otro dispositivo. A través del ordenador, podemos acompañarnos del audio mientras estamos conectados con la red social elegida.

También puedes escucharla y después, experimentar las propuestas por tu cuenta.


Si te inspira la propuesta, puedes dedicarte un tiempo y un espacio en uno de esos momentos en que, automáticamente, te dispones a conectarte con alguna red habitual para ti. Antes de entrar, recuérdate que vas a ofrecerte esta posibilidad: usar este tiempo como una oportunidad única para conectar contigo, para acercarte a tu vida y contemplarla desde la consciencia que eres.






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