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  • Dora Gil

¿QUÉ DESEO DE VERDAD?



"Cuando lo único que desees sea amor, no verás nada más"

UCDM


¿Te has dado cuenta de que, cuando deseas algo de verdad lo ves por todos sitios? Ya se trate de alguna cosa que quieres tener como de una persona de la que te acabas de enamorar, vayas donde vayas, encuentras ecos, evocaciones de tu deseo. Mires donde mires, ves esos objetos con más frecuencia o te encuentras con personas que te recuerdan a la que tú amas... todo parece hablarte de tu anhelo y te propulsa hacia él.


Así funciona... Y así podemos comprender que, cuando no estamos en contacto con lo que queremos, lo que sucede es, simplemente, que no lo deseamos aún tanto como creemos. O, más bien, no es lo único que deseamos.


Vayamos a un terreno más profundo... ¿Quién no diría que desea el amor, la paz o la felicidad por encima de todo? "¡Pues claro que sí! Deseo el amor verdadero, lo deseo con todas mis fuerzas. Ya me he cansado de buscar sucedáneos que me dejan frustrado y hundido."


¿De verdad? Mirémoslo de cerca... Vengamos a la simple realidad de este instante. Aquiétate un momento y contempla tu paisaje interno. ¿En qué están involucrados tus pensamientos? ¿Cómo están juzgando esta situación presente, estas personas que te rodean o a ti mismo?

Quizás nos descubramos alimentando juicios subliminares, ya antiguos, que nos hacen percibir lo que hay aquí desde una historia conocida, bajo un relato resabiado que, de tanto repetirlo, damos por hecho. ¿Cómo me siento al mirar así? ¿Unida o separada?


Por otra parte, puede que esté encantada de acercarme a algunas de esas personas o situaciones porque parece que pueden llenarme y deseando alejarme de otras por temor a quedarme vacía. Puede que, ante estas, sienta tensión e incomodidad en mi cuerpo y, sin escuchar ese sufrimiento, me vaya a buscar un paliativo rápido que me permita seguir funcionando... Entre tanto, mientras mis tejidos se contraen y mi respiración se bloquea, es posible que siga creyendo que deseo el amor verdadero, la luz y la paz constantes, vivir en el presente eterno y todas esas cosas... Sí, es un bonito planteamiento, pero no es posible sostenerlo mientras no sea el único, amigos.


Todo este paisaje desoído es nuestra vida y nos llama constantemente a la coherencia. Aquí y ahora podemos contemplar si de verdad anhelamos por encima de todo el amor que decimos desear. La unidad es la naturaleza esencial de la existencia. Vivimos en esa unidad que no delimita, privilegia ni rechaza ningún aspecto de la realidad, ninguna expresión de la vida. Por eso anhelamos realizarla y ese anhelo es auténtico.


En lo profundo lo deseamos. No puede ser de otra manera pues el amor es nuestra esencia y es lo único que mueve los mundos. Pero, confundidos con una persona limitada que se mueve en un mundo de objetos, el amor ha pasado a ser un sucedáneo con el que hemos aprendido a conformarnos, una triste comedia consistente en apegarnos a lo que alivia nuestra sensación de pequeñez y en rechazar lo que consideramos una amenaza para ella.


Si estuviéramos realmente en contacto con ese profundo anhelo, no soportaríamos contemplar esa versión tan disminuida de lo que somos, esa percepción tan reducida de lo que el mundo es. El verdadero amor que somos abraza e ilumina esos torpes intentos de nuestra pequeña mente tratando de encontrar así el amor, pero quiere despertarnos del sueño doloroso que supone seguir invirtiendo en vano.

¿Queremos de verdad el amor? Soltemos todo lo conocido y, con todas nuestras fuerzas, entreguémonos a él. Cada instante es la oportunidad para ello. Éste. Aquí, ahora mismo, se encuentra siempre presente la unidad que es nuestra esencia, ese campo inefable en el que vivimos y nos movemos. Cuando accedemos a aquietarnos soltando esa búsqueda de migajas con las que solemos contentarnos, podemos descansar en él, dedicarnos a él, empaparnos de él, dejar que impregne cada aspecto de nuestro vivir, cada célula, cada espacio, cada relación...


"Déjalo todo", decía Jesús. Es decir, dejemos de vivir a medias, creyendo que queremos la grandeza mientras seguimos invirtiendo en la pequeñez o que anhelamos el amor mientras seguimos nutriendo el temor a perder. Dejemos de buscar en el mundo de la forma lo que no se encuentra ahí. Sin tener que renunciar ni escaparte de nada, pregúntate: ¿Dónde está mi prioridad? Porque si la sostienes, no dejarás de contemplarla, pase lo que pase alrededor.


Sólo se trata de abrir los ojos y querer ver lo que escondían nuestros escarceos con la verdad: la luz que somos, la luz que todo es. Requiere amar tanto la integridad de nuestro ser que ya no queramos nada más. Nada más. Nada más. Nada más.





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