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MÁS SOBRE AMOR



El ser humano que se cree separado no puede amar. Por eso, muchas veces, todos esos consejos que recibe invitándole a amar, a abrazarlo todo, le resuenan profundamente, pero en su consciencia cotidiana no le es posible realizarlos. Se confunde y se agota en el intento condenándose incluso por esta incapacidad, lo que le mantiene en su aislamiento y alejado de la experiencia natural del amor.


El ser humano que se cree separado tiene mucho miedo. ¿Cómo no iba a tenerlo desde esa consciencia de aislamiento? Y, desde ahí, sólo puede buscar apoyo para su imaginada soledad o evitar todo aquello que cree amenazar su precaria estabilidad. ¿Cómo iba a ser posible el amor desde esa consciencia escindida y asustada?


El ser humano que se cree separado, cuando escucha estos consejos que le invitan a amar, piensa que es muy difícil. Y tiene razón, desde su pequeña perspectiva, tiene razón. Cree que el amor es algo que tiene que hacer él, con esfuerzo y sacrificio o imagina que es algo que ha de sentir constantemente y lo proyecta en el tiempo, creándose así más tensión...


Para amar no hay que hacer nada. Tan sólo dejar de invertir en su búsqueda o evitación. Cuando ese movimiento asustado del pequeño yo se detiene, cuando escuchamos la invitación del silencio y aceptamos aquietarnos, lo que encontramos es amor, la profunda intimidad con la vida que siempre ha estado aquí mientras, como locos, seguíamos invirtiendo en encontrarla en lugares tan reducidos.


El amor es la esencia de la existencia. Sólo existe la unidad, todo está naturalmente conectado y cada aspecto de la experiencia forma parte de esa totalidad y es naturalmente incluido en ella, como expresión creativa de ella.


¡Tan simple! Sin necesidad de más consejos sobre el amor, de elucubrar sobre él, de convertirlo en algo meramente conductual, dejémonos sumergir en su calidez, rindámonos a su evidencia silenciosa, disolvámonos en su abrazo... Dejémoslo expresarse a través nuestro brotando creativamente, como una fuente inagotable que nos sorprende a cada instante.


Bebamos de esa fuente, saturémonos de su alimento... ella se encarga del resto.

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