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LA SALIDA



En medio del infierno más temible, sumida en la más caótica de las tormentas que atraviesan mi vida, confusa tratando de controlar esas voces de la mente que parecen amenazar mi existencia augurando los peores cataclismos... me detengo.


Dejo que todo se mueva mientras el aliento contenido, va saliendo de mi cuerpo.


Y amanece de nuevo el alivio: envolviendo esas voces, acariciando cada matiz de eso que llamo infierno, sosteniendo amorosamente cada detalle de este momentáneo sueño, solo hay vida, la vida radiante y amorosa del ser. Es lo único que hay, en realidad. Mientras me debato entre tantas corrientes de incertidumbre, la certeza más absoluta me sostiene en su poderosa transparencia, en la radiante luz que todo lo penetra y de la que todo está hecho.


No hay escapatoria para la salvación que busco. Lo contiene todo y cada ínfima experiencia está permeada de su aliento. Sólo necesito dejarme respirar por él, abrirme a su silenciosa y suave presencia en vez de enfocarme en analizar o cambiar las temibles imágenes que sostengo. En cada situación que nos perturba, en el núcleo de las pesadillas más terribles se encuentra la salida, sin tener que dar un solo paso.


En realidad, no hay que salir de nada, sino más bien abrirnos a nuestra verdadera naturaleza, profunda y espaciosa como el cielo, vibrante de vida. ¿La deseamos lo suficiente como para entregarnos y descansar en ella o preferimos seguir fantaseando soluciones en el sueño?

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