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GRACIAS, AMADO THAY



(En homenaje a Thich Nhat Hanh)


Gracias, amado Thay, hoy te siento más vivo que nunca.

Un día, encontrándome perdida y resquebrajada por dentro, tu inspiración vino a acariciar mi alma y este encuentro fue uno de los regalos más preciosos que la vida me ha ofrecido. Hoy, en el silencio de mi corazón, sólo brotan manantiales de gratitud. Una lluvia de bendiciones empapa mi alma al evocarte y quisiera compartirlas.


Gracias Thay, por reconciliarme con la vida, por traerme una y otra vez al recuerdo del presente, a la radiante simplicidad de este paso, de este gesto, de este bocado, de esta respiración, de esta emoción... Gracias por renovar en mí el amor por este instante vivo que mi mente despreciaba y eludía.


Gracias por ayudarme a conectar, a través del aliento, con las zonas olvidadas y perdidas de mi existencia, invitándome a habitarlas y a amarlas. Gracias por ayudarme a reconocerme como la consciencia amorosa que abraza e incluye todo lo que mi mente consideraba inaceptable.


Gracias por ponerme en contacto con la simplicidad radical que mi alma anhelaba, después de tantos viajes insensatos de esfuerzo y complicación. Gracias por el descanso profundo que contigo aprendí a disfrutar.


Gracias por conducirme a la experiencia del verdadero amor, que buscaba tan lejos y me estaba esperando aquí, ahora, en la intimidad más entrañable de lo real. Amor comprendido como presencia que ilumina mi mundo interno, tan abandonado... Presencia amorosa también ante cada ser humano, cada objeto, en cada situación... expresiones todos de la misma fuente que sólo puedo honrar.

Gracias por traerme a descubrir el Hogar del Corazón que todos compartimos y que es nuestra esencia, en el que todo es admitido. Y por ayudarme a vivenciarlo, de modo muy práctico y real en medio de cualquier experiencia.


Y gracias hoy en especial, querido Thay, por enseñarme a morir. Sí, sumergirme en este instante supone, para el ego, desaparecer. Y en esa muerte (la única necesaria y posible) quedan aniquilados sus planes de superación, sus intentos de mejora, su búsqueda de salvación en otro tiempo y en otro lugar. Gracias por enseñarme a morir y a renacer, a cada instante, a la verdadera vida, la auténtica. Gracias por invitarme a despertar en la Tierra Pura, no contaminada con objetivos superpuestos o temores ficticios, en la que descansando en la inocencia y la pureza, puedo respirar como una recién nacida.


Gracias por ser, en tu bella sencillez, una expresión tan poderosa de la verdad.


Gracias porque la inspiración que te guía se extiende más y más despertando, en este mundo agitado, el aroma de la paz. Que las semillas de esa inspiración, pura como el diamante, sigan extendiéndose. Que sepamos apreciarlas y regarlas, floreciendo a cada paso, en cada respiración.


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