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  • Dora Gil

GRACIAS




En realidad, nada termina cuando llega el 31 de diciembre ni empieza el 1 de enero: la vida es un despliegue constante. Este instante es siempre nuevo y nos está invitando a nacer a una nueva consciencia que no conoce el tiempo.


Sin embargo, desde nuestra perspectiva humana, celebrar comienzos periódicamente puede ser un recordatorio de este renacer que siempre está sucediendo. También puede ser una invitación a agradecer profundamente el constante abrazo de la vida que, bajo miles de formas, nos envuelve en nuestra aventura de reconocimiento de lo que somos.


Así que, en este último día del año, quiero agradecer la presencia de todos los que me habéis acompañado de tantas maneras, compartiendo conmigo lo que es esencial y nos une poderosamente.


Gracias a los que habéis asistido y participado en las charlas, presentaciones, encuentros y retiros que hemos organizado este año, espacios de verdadera comprensión y conexión en los que nos renovamos juntos.


Gracias a los que os habéis decidido a ser acompañados en profundidad, confiando en el poder de abrir el corazón junto a otro ser humano. Me ofrecéis la oportunidad de renacer en cada encuentro.


Gratitud a los que leéis mi libro, "Del hacer al ser", acogiéndolo con tanto aprecio, cariño y gratitud. Gracias a la editorial Sirio, que le da alas en su nueva edición para que pueda extenderse con amplitud. Escribirlo y ofrecerlo es un hermoso aprendizaje para mí. Su vivencia nos une.


Gracias también a todos los que habéis seguido y compartido mis publicaciones, alentando la creatividad y la comprensión que anhelan ofrecerse. Y a todos los que, con las vuestras, me habéis inspirado en muchos instantes de este año. Agradezco profundamente poder usar internet desde el corazón, al servicio de la consciencia.


Gracias también a todos los que no compartís lo que expreso y no conectáis o discrepáis con ello. ¡Qué hermoso descubrir lo irrelevante que es eso, inmersos como estamos en el entrañable abrazo del universo! ¡Cuánta belleza nos ofrece la discrepancia, lo diverso, la danza de las formas, siempre sorprendentes y vivas, surgiendo de la profunda unidad que las alienta!


Gracias a mi familia, por ser el espacio en el que cada día se me invita a la honestidad, la coherencia y la integridad. Cualquier instante a vuestro lado me ofrece la oportunidad de una nueva perspectiva que abraza los espacios perdidos de mi experiencia.


Y gracias a la gran familia humana con la que comparto esta aventura. Por cada momento en el que descubrimos la belleza de lo simple, la calidez de compartir y recordar nuestra unidad esencial...¡Gracias a todos!


¡Que cada instante del año que comienza sea un nuevo renacer!

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