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ENTUSIASMO

Actualizado: oct 13






Sólo tengo un criterio para saber si mi vida esta alineada con la Verdad: me siento viva, llena de aprecio por cada detalle y me habita un entusiasmo que no se debe a ninguna razón aparente. Hay alegría, ligereza, humor y siento un amor entrañable por mí y por los seres humanos que me acompañan. Me siento inspirada por el misterio que, tras cada mirada me habla, invitándome a reconocerme en ella.


Por muy elevados y profundos que sean los caminos espirituales, si no hay gozo, amor y un sentido de alegría profunda y espontaneidad al seguirlos, algo no hemos entendido, algo falla ahí. De hecho, no hay camino para conseguir nada de eso: somos eso. Somos los hijos de una vida vibrante y explosiva, expresándose y desbordándose en cada instante a sí misma. Energía irrefrenable, creatividad sin límites apareciendo a través de las infinitas formas que va tomando cada instante. Somos ella.


¿Cómo podríamos tener que recorrer senderos tortuosos y apagados para acceder a vivirla?

La mente condicionada, empeñada en procesos complicados para llegar a otro lugar que no es aquí, no puede comprender la ligereza del espíritu. En sus reducidos conceptos no cabe la amplitud gozosa e ilimitada del reino de los cielos. Sin embargo, está aquí, entre nosotros. Es sólo desde el CORAZÓN, en contacto con la vida vibrante que nos anima, como podemos aceptar esa simplicidad abrumadora, la naturaleza espontánea y poderosa de lo que somos.


Cuando, cansada de tanto esfuerzo acepto aquietarme y descansar en el silencio, me entrego a sentir el aliento vivo que inunda mi pecho adormecido. No tengo que hacer nada. Mi corazón despierta en su contacto y se abren sus ojos transparentes a la vida. Es una nueva mirada, que todo lo abraza y lo envuelve, reconociendo la íntima esencia de todo lo que contempla, una con la mía. Todo es Dios. Nada se escapa. La tristeza, la rabia, el miedo, la tensión... están también hechas de Dios. Todo lo que la mente juzga y no comprende, forma parte de su danza en el mundo de las formas. Todo aquello de lo que quise separarme me invita ahora a la unión.


El entusiasmo surge cuando comprendo que todo está aquí para hablarme de amor. Todo es amor incondicional disfrazado y no puedo escaparme, por más que lo intente, de él.

Es demasiado envolvente, es totalmente abrumador y tan intenso que, si lo acepto, de un plumazo, mi vida se convierte en un escenario de descubrimiento, en un espacio dedicado a reconocerlo tras toda apariencia, a sentirlo en la profundidad de mis tejidos, en el suave aliento que me penetra, en esa aparente contrariedad, en mi desgana, en ese gesto que aborrezco, en ese pájaro que canta, en la última noticia que me acaba de llegar... Ya no me queda tiempo para ocuparme de lo mal que está el mundo ni para juzgar a sus supuestos causantes, aunque si esos pensamientos aparecen, también forman parte de la danza. Sólo que no me llama invertir en ellos... Los dejo pasar como pájaros en mi cielo que vinieron para recordarme lo que soy.


Es demasiado intenso el reino del Corazón... Es nuestro Hogar anhelado, siempre disponible, siempre amoroso, siempre acogedor, siempre invitándonos a no separarnos, a reconocer nuestra íntima unión, a estallar de gozo, a serlo, sabiendo en lo profundo que nada ni nadie lo puede amenazar.




Fotografía de Fran Carmona

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© 2020 Dora Gil

© Fotos Fran Carmona