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  • Dora Gil

DESPERTANDO



Los sonidos no están separados del silencio.

Surgen de él, son su expresión.

Son silencio aventurándose en la forma.


Los objetos visibles no están separados de la luz en la que aparecen.

Brotan de ella, son su condensación. Son luz expresándose en la forma.


La sensaciones que experimento no están encerradas en un cuerpo

y separadas del espacio vivo en el que aparecen.

Surgen en la espaciosidad de la consciencia y a ella vuelven.

Son vida modulándose en formas sensibles.


Los sentimientos, como oleadas que se alzan en el océano de mi existencia,

no me pertenecen ni me definen como un pequeño yo aislado.

Son la expresión viva de mi naturaleza oceánica, que se modula a través de ellos.


Los pensamientos, como nubes que transitan la espaciosidad del cielo,

no están separados de la insondable transparencia en la que se mueven y que les da su sustancia.


Todo está saturado de vida. Todo es el SER.

Todo espera ser reconocido en su íntima esencia, reintegrado en la totalidad.


Aunque nunca nada se separó, perdimos la la consciencia del trasfondo,

la profunda esencia que todo lo sustenta y de la que todo está hecho.

Se nos olvidó el origen que nutre y permite nuestra alocada danza en el mundo de la forma.


Por eso, nuestra única función es reconocer al SER en todo.


Sí, efectivamente.

ESTO que aparece ahora mismo en mi consciencia es el TODO bajo esta apariencia,

justo esta, a través de la cual quiere conocerse.

Honrar esta forma, esta experiencia que estoy viviendo,

por minúscula o extraña que le parezca a mi antigua mente, es mi función.

Aquí está el TODO contenido,

expresándose en este instante del modo exacto en que lo está haciendo,

queriendo ser desvelado, reconocido, así como sucede a través de mí ahora.


¡Cuánto desprecio hemos dirigido hacia ESTO,

basándonos en conceptos desconectados de la Vida!

¡Cuánto hemos sufrido creyéndonos criaturas escindidas de su inagotable fuente de nutrición y sustento, perdidas en un imaginario universo atemorizante!


Por fin, despertamos de la loca pesadilla

y nuestros ojos se abren iluminando lo que antes temían;

nuestras manos acarician lo que antes tanteaban con desconfianza;

nuestros pensamientos, brotando del corazón, agradecen el descubrimiento, momento a momento,

de la vida abundante que impulsa y sostiene la danza de las formas.


¡Feliz despertar de cada instante!

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