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AMOR NO ES UNA RELACIÓN





"No tenemos nada en común, somos tan diferentes, no tenemos nada de qué hablar... ya no hay amor".


A veces confundimos el amor con la relación y nos parece que es imposible amar a alguien con quien no coincidimos en ciertos aspectos o con quien no compartimos afinidades en ciertas áreas. Y, por supuesto, nos parece imposible que el amor pueda darse cuando nuestras perspectivas son diametralmente opuestas.


Es verdad que las relaciones, tal como las conocemos, como asociaciones destinadas a perdurar en el tiempo, pueden requerir esta convergencia de intereses, ideas, gustos que nos permiten compartir tiempo, realizar proyectos y estrechar lazos. ¡Por supuesto! Sin todo eso, muchas realizaciones serían imposibles. Nos encantan esas sintonías que descubrimos con otros seres humanos cuyas vidas parecen inspiradas por una comprensión muy afín a la nuestra. Y es hermoso compartir eso en una relación y crear a partir de ahí. ¡Claro que sí!


Sin embargo, el AMOR es otra cosa. Al menos, este va siendo mi aprendizaje. El AMOR ya es, la conexión ya existe en lo profundo entre nosotros. No hay separación en la esencia que compartimos. Es la energía que mueve los mundos, la sustancia del universo sosteniendo cada átomo que nos constituye. El AMOR no es algo a lograr o construir, ni por lo que luchar o empeñarse en mantener. Su presencia constante no depende de situaciones, circunstancias, ideas, sentimientos, actos, gestos, gustos o formas de percibir. En resumen, no tiene nada que ver con lo que va y viene, con lo que cambia. El AMOR es.


Puedo sentir AMOR en este instante sin necesidad de basarme en ninguna condición o cualidad que estés expresando. No necesito establecer una relación contigo para dejar que mi corazón se abra en presencia del AMOR que nos une constantemente y que no depende de mi pequeña voluntad hacedora. Ni necesito dejar una relación para buscar el AMOR en otra. La puedo dejar por otros motivos, pero no por ausencia de AMOR. El AMOR es lo único que no se va nunca, es el sustrato de todo lo que se mueve. Si no puedo encontrarlo aquí y ahora, sean como sean las condiciones, ¿qué garantía puedo tener de que permanezca si me parece encontrarlo en otro sitio?


Precisamente esta posibilidad siempre viva es la que me permite, en cualquier relación en la que aparecen discrepancias o desaparecen coincidencias, recordar que más allá del danzante mundo de las cosas (circunstancias, sentimientos, pensamientos, percepciones...) nuestra unidad es indisoluble, está garantizada por la vida. Unirme a ese AMOR me permite dejar la relación en sus manos, sin tener que empeñarme en mantenerla o eliminarla. No es ella la que me sustenta. La vida, más sabia que yo, se ocupa de todo eso. Cuando las cosas han cumplido su función, naturalmente se disuelven. El AMOR no.


El AMOR estable y consistente que anhelamos no puede estar basado en el mundo de lo cambiante por muy grandes que sean las afinidades que parecen vincularnos. Cuando establecemos relaciones en el mundo de la forma, es importante recordar que el verdadero AMOR no se sostiene sobre esas coincidencias, no las necesita. Naturalmente las abraza como abraza también las hostilidades y enfrentamientos que, contemplados desde su perspectiva, aparecen con una profunda comprensión escondida que se nos invita a desvelar. Encontrar el AMOR en medio de las disonancias y desencuentros es un potente ofrecimiento que nos ofrecen las relaciones. Encontrarlo también más allá del apego a las coincidencias y afinidades que nos hacen aferrarnos a veces a las personas, nos ofrece el maravilloso regalo de la libertad que sólo el AMOR puede otorgar. Suceda lo que suceda con la relación, el amor está en mi corazón, siempre disponible, pues es mi esencia, y siempre puedo descansar en él. Nada ni nadie lo puede amenazar.


Quizás sea esa, finalmente, la auténtica función de las relaciones que establecemos, descubrir, más allá de ellas y de sus devenires, el verdadero AMOR que brota del CORAZÓN.



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