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  • Dora Gil

A MI ALMA GEMELA






Pasé una buena parte de mi vida buscándote, tratando de hacerme merecedora de ti.

Me esforcé sin límites por perfeccionar mi naturaleza

y atraer así a mi vida a alguien capaz de embellecerla, dignificarla,

disolviendo su sensación de no ser nadie.

Difícil empresa destinada al fracaso.

Ningún ser humano posee la capacidad de llenar mis más profundos anhelos,

de comprender mis silencios, de acompañar mi desnudez,

de conectarme con mi esencia,

de saciar mi sed profunda de Amor.


Tantos años de expectativas frustradas dejaron en mí una profunda comprensión. Y el más genuino agradecimiento surge ahora por lo que entonces me atormentó: que no funcionaran mis relaciones soñadas, que mis supuestas almas gemelas me defraudaran, llevaba consigo una lección tan valiosa y llena de amor que, sin ese duro aprendizaje, no hubiera podido asumir.


Esa lección maravillosa es muy simple: todo lo que buscaba ahí fuera, contenido en un ser humano, era la proyección condensada de los más preciosos dones que la Vida me ha estado ofreciendo siempre y que en mi búsqueda ciega no podía ver. Repartidas en cada aspecto de mi existencia, las cualidades y valores que trataba de encontrar en alguien especial que me acompañara, me sonríen a cada paso. La energía, la dicha, la consciencia, el amor, la inspiración, el impulso para crear, brotan de mi fuente interna eternamente. Basta que me conceda el lujo de detenerme a contemplar la verdad, dirigiendo hacia dentro esa energía que malgastaba en cansinas búsquedas externas.


Mi alma gemela eres tú, que me estás leyendo, y la luz que inunda esta habitación, y el aliento que me respira, y el sonido de esas ramas que el viento agita suavemente, y la presencia amable de mi compañero de vida, que no es todo para mí, porque nadie puede serlo. Saberlo es la mejor manera de amarnos. Entonces dejamos de exigirnos lo imposible y empezamos a contemplar una nueva posibilidad: servirnos de espejo, permitiéndonos, a través de lo que experimentamos juntos, acceder a nuestra verdadera identidad.


Cada ser humano, cada cosa, cada situación con la que me relaciono tiene esa ofrenda para mí: recordarme mi esencia. Sólo necesito darme cuenta, cuando me enfoco en ellos, que no tengo que hacer nada en torno a las formas que van adoptando: ni buscarlas, ni rechazarlas, ni cambiarlas. Que tal como se están presentando me invitan a ir más allá de ellas y a descubrir la esencia que nos une.

Ese es el Amor que contempla más allá del cuerpo. Ese era el amor que, en realidad, estaba esperando o buscando en un alma gemela, en una relación. Ese es el regalo inmenso que ahora vibra en mi interior.



MI VERDADERO COMPROMISO

Mi verdadero compromiso no puede restringirse a una persona,

a una situación externa, a una relación.

Sucede con la vida, y es sellado en la profundidad de mi ser,

se pronuncia en cada célula de mi cuerpo,

se expande por mis espacios subatómicos

y es proclamado por los firmamentos estelares que también me constituyen:

Sea cual sea la apariencia que tomes, vida mía,

no me alejaré de ti juzgándote, interpretándote, temiéndote, eludiéndote, bloqueándote…

Permaneceré en íntima comunión contigo,

abrazando cada una de tus partículas.

Seré un hogar para ti,

el espacio de dulzura en el que tus hijos

descansen sin miedo

Seré la luz serena en la que puedas expresarte.

Seré toda para ti, vida mía.

Pues Soy tú.



Extraído del libro "Del hacer al ser". Editorial Sirio.

Capítulo 7: "Relaciones, la vía directa hacia ti"


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© 2020 Dora Gil

© Fotos Fran Carmona