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  • Dora Gil

NO TENGO TIEMPO PARA MI



¿Te suenan estas palabras? Hubo un tiempo en que se paseaban por mi mente y se expresaban surgiendo de un yo abatido por esa supuesta carencia del precioso don del tiempo. En espera de que la vida se dignara ofrecérmelo, me debatía peleándome por encontrar esos momentos que tanto bien me hacían. Descubrí que me correspondía a mi procurármelos, priorizando esos espacios de intimidad con mi propia vida y respetando el anhelo silencioso de mi alma. Y así lo hice. Esos ratos que me dedico son una fuente de inspiración y nutrición ya ineludibles. Poco a poco me di cuenta de que, a lo largo del día, había también muchas ocasiones, que antes se me pasaban por alto, para conectar conmigo misma: un encuentro que se retrasa, la espera de una llamada, un momento de agitación o dolor emocional que pide atención, un rato de camino hacia algún sitio...Y empecé a agradecer los atascos, las esperas, los retrasos, las tormentas... como oportunidades para unirme a la vida en mí. Y de tanto frecuentarme, ahora comprendo mejor: tengo todo el tiempo para mi. No un rato, no dos: TODO. Estoy siempre en mi propia presencia, sumergida en mi propio perfume, saboreando mis propios detalles, inmersa en mi propia luz, la luz de la vida que me envuelve y me penetra constantemente. La luz de la vida que soy. Durante años creí tener que reivindicar espacios para respirar. Ahora sé que soy respirada, nutrida y acariciada constantemente. Me encanta levantarme muy temprano para disfrutarlo en el silencio del amanecer, o dedicar pequeños espacios en medio de mi actividad para notarlo en profundidad. Pero en todo momento, me dé cuenta o no, esa intimidad está ahí, subyace a mis movimientos, ilumina lo que voy viviendo llenándolo de su aliento. La Vida SIEMPRE está presente, invitándome a sentirla. Todo es "mi vida". Todo está ahí para mí. Tengo todo el tiempo para intimar con ella. No es algo que tengo que hacer. Es.

Yo soy la VIDA. Tengo todo el tiempo, simplemente, para SER.


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