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  • Dora Gil

ABRIRNOS DE CORAZÓN



"Esto ya no me debería estar pasando”, “Parece que no he avanzado nada”, “Tan espiritual que te crees y mira cómo estás de enfadado”, “Debería estar alegre” “No debería sentir miedo”¿Reconoces a veces estas voces en tu mente?

Cuando empezamos a caminar por los senderos de la consciencia, a explorar esa nueva perspectiva de autenticidad y comprensión (a esto le llaman a veces espiritualidad), surgen con frecuencia estados de frustración y confusión. Al comprobar que nuestro antiguo dolor sigue emergiendo, que nuestros viejos bloqueos aparecen todavía -incluso con más fuerza- o que seguimos proyectando expectativas en el mundo, nos decepcionamos pues quizás habíamos contemplado la posibilidad de liberarnos de un plumazo de todo ese mundo sombrío y disfrutar de una vida beatífica y esplendorosa para siempre jamás.

Nada más lejos de la realidad.

Decidirnos a vivir desde la conexión con lo real, con la verdad, nos trae ineludiblemente a la experiencia del momento presente, esa que nos saltábamos atemorizados. Amorosamente ahora le abrimos el corazón a nuestra vida, esa que escondíamos. Y ella se nos muestra a cada instante buscando el abrazo luminoso que esperaba. Todas nuestras criaturas despreciadas o desoídas aparecen para ser reconocidas, comprendidas y devueltas al espacio vivo de la consciencia.

Así de simple. La pequeña mente no lo comprende y en esos momentos se pronuncia argumentando que, dado que hemos decidido vivir desde la consciencia, "estas cosas ya no nos deberían pasar." Esos estados son tildados de "no espirituales" o "inadecuados" y tendemos a esconderlos de nuevo. Nos juzgamos por sentirnos más vulnerables que nunca y, en nuestra incomprensión, puede que incluso abandonemos nuestra atenta dedicación.

Si la consciencia puede ser simbolizada como un inmenso sol que todo lo ilumina, identificarnos con ella supone precisamente que podemos contemplar todo lo que antes quedaba oscurecido por miedo a ser abordado. Si sentimos esa apertura serena y permisiva que es nuestro ser, todo lo que necesita ser abrazado en nuestra vida va a surgir a la superficie buscando comprensión. Si antes nos percibíamos débiles para afrontar nuestros miedos, desde esta perspectiva, descubrimos una fortaleza en la cual toda vulnerabilidad puede apoyarse.

Así que no hay nada de qué sorprenderse cuando siguen apareciendo en nuestra experiencia emociones antiguas, dolores intensos, tormentas a veces inexplicables que no buscan sino el espacio de nuestra atención.

Dejar que todo sea es el mejor regalo que podemos ofrecer a estas criaturas que buscan la luz en nosotros. Seguir resistiéndonos, buscando explicaciones, pretender que no deberían estar aquí… es justo lo que frena su desenvolvimiento. Es para iluminar las sombras para lo que se enciende la luz. Así que, ¿qué sentido tiene rebelarse por ello? Precisamente atendiéndolas , entramos en coherencia con esa luz.

Quizás nuestra apariencia no sea beatífica en momentos así, quizás nuestros gestos no parezcan muy “espirituales” o nuestra actitud sorprenda a los que esperaban una sonrisa perenne en nuestro rostro.

Puede que sea a nosotros mismos a los que más nos cueste comprender y asumir que el cuento de la espiritualidad, como ese estado en el que todo está arreglado y nada nos afecta, no es sostenible.

Adentrarnos en la perspectiva de la consciencia es una aventura inédita, sin soluciones predeterminadas, una vía de exploración en la que se nos invita a ofrecer una apertura consistente y amable hacia todo lo que aparece, tanto dentro como fuera de nosotros, sabiendo que no hay fuera ni dentro, que todo simplemente ES.

No hay una forma espiritual de que sucedan las cosas, no hay modos conscientes de vivir que tengamos que aprender. Hay una humilde disponibilidad a soltar todo eso y abrirnos a la intimidad impredecible del ahora. Abandonarnos a la presencia que todo lo abraza en nosotros. Simplemente SER.

Hay un gran malentendido aquí que nos confunde y necesita ser aclarado. Precisamente el abrirnos al ser que somos en lo profundo, nos capacita para abrazar e iluminar todo lo que estaba escondido, dejado de lado, olvidado en los oscuros rincones de nuestra interioridad…


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© 2020 Dora Gil

© Fotos Fran Carmona