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  • Dora Gil

EL AMOR QUE BUSCABA



Desde muy niña sentía una profunda llamada, una intuición poderosa que me guiaba. Si hubiera sabido expresarla, hubiera dicho: mi vocación es AMAR.

Sin embargo, inmersa en un sistema de pensamiento que me hacía sentirme como una persona separada del resto, teniendo que defenderme de un mundo hostil o necesitando su aprobación, tal impulso de mi alma fue quedando desfigurado, generando en mi mucha confusión, mientras trataba de convertirme en una "buena persona amorosa".

Un largo periplo de esfuerzo, un recorrido trabajoso en la línea horizontal de la existencia buscando algo que siempre parecía estar más allá: el amor. Un viaje doloroso porque iba dejando atrás lo que más necesitaba ser amado: cada detalle de mi existencia presente.

Poco a poco, la luz se va haciendo…

Mi vocación de amor no es la vocación de una persona que quiere ser amorosa dirigiendo sus pensamientos, sentimientos y actos hacia otras personas supuestamente necesitadas de ellos. Tal impulso cósmico no puede ser contenido en la perspectiva horizontal de la existencia.

Mi vocación de amor es la tuya, es nuestra esencia, nos habita y atraviesa a ambos incesantemente, queriendo expresarse, como la luz del sol. Ahora mismo.

Brota de la misma fuente que es nuestro origen y desciende sobre este instante penetrando de vida y calidez todo lo que encuentra a su paso . Ya se trate de personas, objetos, pensamientos, emociones, sensaciones...nada es olvidado. Al igual que la luz, inunda todo de su radiación.

Abraza los rincones ignorados de mi experiencia, esos que mi mente desprecia y califica de inapropiados, mientras sigue buscando algo mejor.

Esa vocación de amor es la que nos invita a mirarnos y a reconocernos como una misma esencia. Me ofrece tu mirada para descubrirme, te ofrece mis ojos para que tú te veas.

Este es el mayor regalo que puedo hacerte, el mejor regalo que puedes darme.

Esta es la puerta de la libertad verdadera, el amor que siempre hemos anhelado.

Está aquí. Es ahora.


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