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  • Dora Gil

DESCANSA, ESTÁS EN TU HOGAR



Vivir desde la perspectiva reducida de un pequeño yo o desde la amplitud de la Vida que somos, aunque no suponga a veces ningún cambio externamente observable, desde dentro se experimenta todo de un modo radicalmente distinto.

Desde la mente pequeña del yo hacedor, los objetos de su mundo- personas, situaciones, actividades, pensamientos, emociones, sensaciones- todo tiene un solo objetivo: validar o proteger esa imagen con la que vivimos identificados.

Ese pequeño yo se convierte en el referente al que se sacrifica todo: tiempo, relaciones, trabajo...bajo la promesa de felicidad con la que nos incentiva o el temor al sufrimiento con el que nos asusta.

Vivimos para él, lo reconozcamos o no. Ante él nos inclinamos y en su altar depositamos cada día nuestros dones más preciosos, nuestros anhelos y nuestra sagrada energía. Y esa imagen ilusoria pervive simplemente al ser alimentada cotidianamente con nuestros pensamientos, emociones y actos.

Cuando, después de ver claramente el sufrimiento de esta alienante confusión, nos rendimos y nos entregamos a la Vida, dejando que nos guíe desde el Corazón, todas las energías que estaban siendo sacrificadas para nutrir a ese personaje ilusorio quedan liberadas y vuelven a su origen.

Todo adquiere un nuevo sentido. Hasta las cosas más nimias pasan a ser vividas desde la libertad. Cada detalle puede ser saboreado en el presente, sin ninguna otra finalidad ni temor. Tal y como es.

La Vida se vive, se toca, se oye, se conoce y se disfruta a sí misma a través de los mismos sentidos que antes eran usados para buscar placer ávidamente o para escapar del dolor. Las relaciones están ahí como un regalo para descubrir al Ser que subyace tras la mirada de cada uno. Los alimentos están ahí como una bella energía condensada en formas, olores y sabores para ser disfrutados. Las situaciones, nuestro cuerpo, nuestras emociones... Todo es luz que quiere ser reconocida bajo su apariencia de solidez.

Desaparece la prisa y quedamos rendidos en los brazos del ahora, cuya luz es tan clara y vibrante que los objetos que aparecen en ella y que antes nos hipnotizaban quedan en segundo plano naturalmente.

Cuando la importancia personal y la búsqueda de reconocimiento dejan de tener sentido, nos damos cuenta de que cada detalle de nuestro mundo, anteriormente mediatizado por ellas, experimenta una gran liberación y dejan de estar condicionados: Cada acción es nueva, pues es contemplada desde un centro de inocencia, desde la luz de este instante. Y cada situación se nos ofrece como un campo vibrante de exploración, en lugar de insertada en los viejos corredores del temor, la culpa o la búsqueda de mejoramiento.

Necesitamos detenernos y regalarnos la experiencia de que es posible. La inercia de los hábitos inconscientes sigue llevándonos a repetir viejas actitudes, aunque nuestra comprensión y nuestra perspectiva hayan cambiado.

Este momento es adecuado. Cada instante lo es. Detente, déjate existir. Deja que todo sea como es. Descubre el regalo que se esconde detrás de la resistencia a permitir que la vida sea en ti. Date la oportunidad de ir más allá de eso que te molesta, de las sensaciones de tu cuerpo que rechazas, del barullo incesante de tu mente. Suelta todas las imágenes de lo que “debería ser”.

Permítete la experiencia de lo que simplemente ES.

Descansa,

estás en tu Hogar.


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